viernes, 30 de octubre de 2015

Conductismo radical: Skinner



El conductismo radical

El conductista más conocido e influyente fue Skinner.
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Características generales de su pensamiento

-    Su conductismo radical implica el rechazo de toda la tradición intelectual de la psicología a         excepción del neorrealismo.
-     Proponía sustituir toda esta tradición anteriormente mencionada por una psicología científica    que, según el modelo la teoría darwinista de la evolución, buscase las causas de la conducta      fuera de los seres humanos.
-   Siguió a Watson al situar la responsabilidad de la conducta directamente en el entorno.
-       Para este pensador, el bien y el mal, si es que existen, residen en el entorno y no en la propia       persona.

Los aspectos fundamentales de su trabajo

1.     El conductismo radical como filosofía
Una buena aproximación al núcleo del conductismo radical se obtiene al observar el análisis que hace Skinner de las teorías de Freud:
  • Dice que el gran descubrimiento freudiano es el que gran parte de la conducta humana tiene causas inconscientes.
  • Sin embargo, destaca que el gran error de Freud fue inventar un aparato mental (Ello, yo y superyó) para explicar la conducta del hombre.
  • Skinner creía que la lección del concepto freudiano de inconsciente es que la conciencia es irrelevante para la conducta.
  • El vínculo mental no añade nada a la explicación de la conducta y de hecho complica aún más las cosas porque exige explicar el vínculo mental mismo.
  • Skinner extendió esa crítica a las entidades mentales a todas las psicologías tradicionales y con el conductismo radical presentaba una profunda ruptura con toda psicología, tanto con la científica como con la popular.
  • Se situaba en la línea del empirismo radical del filósofo renacentista Francis Bacon y del físico alemán Ernst Mach.
  • Skinner creía que la verdad debe buscarse en las observaciones mismas más que en la interpretación de lo que se observa.

                  Conducta para Skinner

La explicación de la conducta era heredera del análisis darwiniano de la evolución.

Para este autor, el organismo produce constantemente formas diversas de conducta. Algunos de estos actos conducen a consecuencias favorables (se ven reforzados) y otros no.

Los que lo hacen son fortalecidos, pues contribuyen a la supervivencia del organismo y son aprendidos. Los que no son reforzados no se aprenden, desaparecen y acaban extinguiéndose.

El conductismo radical de Skinner constituía una extensión directa del neorrealismo al ámbito de la psicología al enseñar lo siguiente: que los organismos perciben el mundo físico directamente, (los neorrealistas rechazaban el mundo mental interior). Por lo tanto, si no hay ideas, no hay conciencia privada ni introspección.

La conducta de un organismo es una función del entorno al que el organismo responde. No es necesario postular una causalidad mental interior.

2. El análisis experimental de la conducta
El objetivo de la psicología skinneriana es:
-         analizar la conducta mediante la localización de los determinantes específicos de conductas concretas
-        establecer la naturaleza exacta de las relaciones entre la influencia antecedente y la conducta subsiguiente.
-        El mejor modo de lograr esto es por medio de la experimentación, porque sólo en un experimento se pueden controlar sistemáticamente todos los factores que influyen en la conducta.
-        Así Skinner denominó a su ciencia el análisis experimental de la conducta.

3.  Las contingencias de reforzamiento

-        Explicación de la conducta:
-        la conducta queda explicada cuando el investigador ha identificado y puede controlar todas las influencias de las que esa conducta es función. Llamamos variables independientes a las influencias antecedentes que influyen en una conducta, y variable dependiente a la conducta que es una función de ellos.
-        El organismo es el lugar de confluencia de las variables, el lugar donde las variables independientes actúan conjuntamente para producir una conducta.
-        No hay procesos mentales interviniendo entrelas variables dependientes y las independientes.


Diferencias entre Skinner y Titchner

El contraste entre las psicologías de Skinner y Titchener es que éste también seguía a Mach en su intento de relacionar las variables analizadas en un marco experimental pero lo que buscaba era una descripción de la conciencia, no de la conducta.
Lo que diferenciaba a Titchener de Skinner era la importancia que tenía para Skinner el control.
Skinner era watsoniano en cuanto que no quería sólo describir la conducta, sino que también quería controlarla.
 Según Skinner, sólo se puede decir que un investigador ha explicado una conducta cuando, además de ser capaz de predecir su aparición, también puede influir en ella mediante la manipulación de las variables independientes.

En la conducta de los organismos Skinner distingue dos tipos de conductas aprendidas:
1) Conducta o aprendizaje respondente (estudiada por Pavlov).
Se la llama conducta refleja puesto que una conducta respondente es una conducta elicitada por un estímulo concreto, ya sea condicionado o incondicionado. Se corresponde con una conducta involuntaria.
2) Conducta o aprendizaje operante. Conducta voluntaria. No puede ser elicitada o provocada, sino que sólo es emitida de vez en cuando. Puede incrementarse mediante un refuerzo. La situación o escenario en el que se da la conducta, la respuesta reforzada y el refuerzo definen conjuntamente las contingencias de reforzamiento.
La definición de conducta operante y de las contingencias que la controlan le diferenciaban de los otros conductistas en tres aspectos que con frecuencia no se han entendido bien:
1) Las respuestas operantes nunca son elicitadas o provocadas.
Skinner negaba ser un psicólogo E-R porque esta fórmula implicaba una relación refleja entre una respuesta y algún estímulo, una relación que sólo se da en el caso de las conductas respondentes.
2) El organismo podía sufrir la influencia de variables que lo controlan y que, sin embargo, no necesariamente deben considerarse estímulos. Esto se pone claramente de manifiesto en el caso de la motivación.
3) La conducta no era más que movimiento en el espacio.

La metodología operante.
Skinner defendió una metodología innovadora y radical en su libro La conducta de los organismos:
1) Eligió una situación experimental que mantenía la fluidez de la conducta negándose a fragmentarla en ensayos arbitrarios y artificiales. Se sitúa al organismo en un determinado lugar y se le refuerza por alguna conducta que realice en un momento cualquiera.
2) El experimentador procura ejercer el mayor control posible sobre el entorno del organismo para poder manipular o mantener constantes las variables independientes y observar así directamente cómo estas modifican la conducta.
3) Se selecciona para el estudio una respuesta muy simple, aunque sea algo artificial.
Elegir estas operantes hace que la respuesta sea inequívoca y fácil de observar y de cuantificar con máquinas, que elaboran un registro acumulativo de respuesta.
4) Defiendo la tasa de respuesta como dato básico de análisis.

La interpretación de la conducta humana

En la década del cincuenta Skinner comenzó a extender su conductismo radical a la conducta humana sin cambiar ninguno de sus conceptos fundamentales.
Skinner y el lenguaje

En su obra Conducta Verbal pretendía establecer la verosimilitud de un análisis conductista radical del lenguaje.

Trataba fundamentalmente de lo que suele considerarse como lenguaje o, mejor dicho, habla. Skinner introdujo una serie de conceptos técnicos como por ejemplo el “tacto” al que consideraba como la operante verbal más importante.
Aplicamos los tres términos que constituyen el conjunto de contingencias de reforzamiento: estímulo, respuesta y reforzamiento.

Un tacto es una respuesta operante verbal bajo el control estimular de determinados componentes del entorno físico, y el uso correcto de los tactos se ve reforzado por la comunidad verbal (así un niño se ve reforzado por sus padres cuando emite el sonido “muñeca” ante una muñeca).
El análisis radical que Skinner hace de los tactos plantea una importante cuestión general sobre su tratamiento de la conciencia humana: su noción de los estímulos privados.
Skinner creía que los conductistas metodológicos anteriores, como Tolman o Hull, se equivocan al excluir del conductismo los eventos privados (imágenes mentales, dolor de muelas, etc). Skinner sostenía que parte del entorno de cada persona incluye el mundo que hay debajo de su piel, aquellos estímulos a los que cada cual tiene un acceso privilegiado.
¿Llegamos a ser capaces de producir emisiones verbales tales como los tactos privados?
La respuesta de Skinner fue que la comunidad verbal nos ha entrenado para observar nuestros estímulos privados reforzando las expresiones verbales referidas a ellos. Este tipo de respuestas tienen un valor de supervivencia en sentido darwinista. Son estos estímulos privados que observa cada uno los que constituyen la conciencia. De esto se desprende que la conciencia humana es un producto de las prácticas de reforzamiento de una comunidad verbal.
El tacto referido a uno mismo también permitió a Skinner explicar las conductas verbales aparentemente propositivas sin hacer referencia alguna a la intención o al propósito. La intención es un término mentalista que Skinner redujo a la descripción fisicalista del estado corporal de cada cual.
Otro tema tratado era el pensamiento, la actividad aparentemente más mental de todas las actividades humanas. Skinner afirmaba que el pensamiento no era más que conducta y que sólo es un tacto que hemos aprendido a aplicar a determinados tipos de conducta.

lunes, 26 de octubre de 2015

El aparato psíquico: segunda tópica


Aparato psíquico: vertiente estructural


Segunda tópica
En su otra concepción del psiquismo, la estructural, Freud presenta también tres instancias:
-          Ello
-          Yo
-          Superyó
A partir de 1920 Freud llegó a establecer una distinción fundamental del aparato psíquico, al que dividió tal como ya lo hemos mencionado en ello, yo, superyó.
¿Quedó relegada la primera división del aparato psíquico, con la aparición de esta nueva división?
De ninguna manera, ambas divisiones se incluyen y presuponen como veremos luego, si bien estos nuevos lugares no se corresponden exactamente con los anteriores. Es decir, si por ejemplo el ello reviste la mayoría de los caracteres del sistema inconsciente, también las otras instancias, el yo y el superyo, poseen un origen y una parte inconsciente.

El Ello: 

Constituye la parte evolutivamente más antigua de la personalidad “originariamente todo era ello” 
Contiene las pulsiones inconscientes, en parte innatas (atavismos de la especie, heredados) y en parte reprimidas (vivencias rechazadas) Freud relaciona el Ello con el inconsciente.
De un modo general podemos decir que el ello es el representante de las pulsiones.

El Súper-Yo: 

Se forma por la interiorización de las exigencias y prohibiciones de los padres y otras figuras de autoridad. Su tarea es comparable a la de un juez respecto al yo… Es una instancia recibida de los demás a través de la cultura y tiene "partes" conscientes, preconscientes e inconscientes.
El superyó a su vez cumple la función de un censor o un juez, en concordancia con la interiorización de las exigencias parentales y de los tabúes sociales, así como también es a su vez el substrato del ideal del yo con el cual el yo se compara y al cual aspira.

El Yo: 

El núcleo del Yo se asocia al sistema percepción-conciencia, ya hemos hablado de que la conciencia filtra y procesa los estímulos tanto del exterior como del interior. El Yo se encuentra en una relación de dependencia, tanto respecto a las reivindicaciones del Ello como a los imperativos del Súper-Yo y a las exigencias de la realidad. Es, por tanto una instancia mediadora que trataría de conciliar las demandas respectivas de las otras instancias, muchas veces contradictorias. El yo va a representar a la persona como totalidad, o los intereses de ésta.
Con la aparición en la teoría del concepto de narcisismo se postula este yo, como objeto de las pulsiones del ello, y por tanto fuertemente cargado de libido narcisista.

Algo más del aparato psíquico: la identificación y el complejo de Edipo

Por lo tanto, y siguiendo el esquema estableció por Freud, el superyó se sumerge en el ello, está íntimamente ligado al ello.
Tanto el superyó como el ello tratan con el mundo externo a través del yo.
El espacio que ocupa el ello debería ser mucho mayor.
Es importante no imaginarnos esta división del aparato psíquico con fronteras precisas, sino como la confluencia de las tres instancias, lo que nos da la idea de la complejidad de cualquier hecho psicológico.
Es indudable que para la comprensión de este esquema necesitamos hacer referencia a dos nociones por lo menos que nos dan cuenta de esta división de la personalidad. Estas nociones son la identificación y el complejo de Edipo.

Identificación
La identificación es un proceso básico para la constitución de la personalidad humana, es decir una operación mediante la cual se equipara un yo a otro yo ajeno, equiparación que permite que el primer yo se comporte como el otro.

La identificación a su vez es la forma más importante de vinculación de una persona con otra.
De acuerdo a esto, el sujeto de algún modo, sigue el   modelo de los objetos con los cuales se ha identificado (padres).
A su vez el sujeto se constituye por identificación y por su vinculación con el Complejo de Edipo. Diremos entonces y a modo de ejemplo que el superyó se nos muestra como heredero del Complejo de Edipo, como residuo de identificación con la instancia parental.

“Esta nueva instancia (el superyó), superior en el yo, se halla íntimamente enlazada a los destinos del Complejo de Edipo”. (S.Freud)
Al culminar el Complejo de Edipo, el niño tuvo que renunciar a las intensas cargas de objeto que había concentrado en sus padres, y como compensación de esta situación, las identificaciones con los padres quedan muy intensificadas.
La identificación a su vez ha desempeñado su importante papel en el comienzo de la formación del Complejo de Edipo.

Si tomamos al niño como ejemplo, ha dado muestras de un vivo interés por su adre, es decir que ha hecho de él su ideal. Al mismo tiempo, o algo después, el niño dirige sus deseos hacia su madre la cual se convierte en objeto de sus deseos.
Por lo tanto coexisten ambos vínculos, con su padre, con el cual se identifica y con su madre a la que desea como objeto sexual. Estas tendencias terminan por aproximarse, de su encuentro nace el Complejo de Edipo. Este complejo corresponde al hecho de que el niño se ve impedido de acceder a su madre, por la interdicción de la figura del padre. El niño desvía entonces su identificación con el padre hacia su vertiente hostil. Este proceso se desarrolla y termina por significar el deseo de reemplazar al padre, específicamente en su lugar respecto de la madre.
Este proceso nos indicaría, a manera de ejemplo, los antecedentes de la formación de estas instancias psíquicas.

A su vez, y en función de esta segunda tópica, el conflicto dinámico estaría dado:
-          en la neurosis de transferencia (entre el yo y el ello)
-          en las psiconeurosis narcisitas (melancolía), entre el yo y el superyó,

-          y en las psicosis (entre el yo y el mundo externo).

viernes, 23 de octubre de 2015

El aparato psíquico: primera tópica



Aparato psíquico: vertiente dinámica

Primera tópica 



La primera estructuración del aparato psíquico que Freud plantea en el capítulo VII de su obra “La interpretación de los sueños”, del año 1900, este aparato idealmente desarrollado está conceptualizado en formas de distintas organizaciones de huellas mnémicas, como un aparato reflejo donde habría un extremo sensible y un extremo motor.

Esta particular organización de huellas mnémicas en virtud de cierta organización cronológica y de distintos modos de funcionamiento determinará la división en tres sistemas:
-          Sistema inconsciente
-          Sistema preconsciente
-          Sistema consciente

En su concepción topográfica del psiquismo Freud propone la presencia de tres instancias psíquicas de la siguiente manera:

Sistema Consciente: 

Freud no se esfuerza demasiado por caracterizar la conciencia, dado que la adecua a lo que los filósofos y el mismísimo "saber popular" consideran al respecto. 
La conciencia está asociada a la percepción y cumple una función selectiva, acomodando, eludiendo, modificando y/o filtrando los estímulos provenientes tanto del mundo exterior como del interior.

Sistema Pre-consciente: 

Es una instancia cuyos contenidos no están en la conciencia pero son susceptibles de acceder a ella.

Sistema Inconsciente: 

Constituye el gran descubrimiento freudiano. El inconsciente es un sistema psíquico cuyos contenidos no tienen acceso a la conciencia, al menos no sin esfuerzo por nuestra parte, (aunque pueden acceder espontáneamente de forma arrasadora como sucede en los estados psicóticos) porque han sido reprimidos y encuentran una resistencia cada vez que intentan acceder a la conciencia. 
Estos contenidos inconscientes son representantes de las pulsiones primitivas: lo heredado, lo rechazado, los instintos.


Características y modos de funcionamientos de los sistemas Inc. Preconsc. Consc.

Sistema consciente:

En el extremo sensible (polo perceptivo) se encuentra un sistema encargado en recibir las percepciones sensoriales, en el otro extremo el polo motor que es el encargado de decidir el acceso a la motilidad.
La dirección de este aparato va del polo perceptivo al polo motor.
Ahora bien, estas percepciones dejan en nosotros una huella mnémica duradera que adscribiremos a la función de la memoria.
Tenemos dos funciones distintas, acoger o recibir constantemente percepciones y retener las impresiones de las mismas en huellas duraderas. Estas dos funciones las distribuiremos en dos sistemas distintos, uno anterior que carece de toda memoria, o sea que no conserva nada de los estímulos de la percepción, y otro que transforma esta momentánea excitación sensorial en huellas mnémicas duraderas.

Decíamos que el primero de estos sistemas es el sistema consciente, y según cómo estén enlazadas estas huellas mnémicas entre sí en la memoria formarán distintos sistemas mnémicos.
El primero será el asociativo por simultaneidad (inconsciente), y los sistemas posteriores representarán otro distinto orden, por ejemplo las relaciones de analogía (preconsciente).
Por lo tanto nuestros recuerdos son inconscientes entre sí, y despliegan sus efectos justamente por estar en ese estado. Algunos de estos recuerdos por un proceso en particular podrán acceder a la consciencia. Otros casi nunca podrán hacerse conscientes, sobre todo los recuerdos de nuestra primera infancia, y fundamentalmente los vinculados a nuestra vida sexual infantil. Hay a su vez una instancia crítica que está ubicada a manera de pantalla o de barrera entre el sistema inconsciente por una parte y los sistemas preconsciente-consciente por la otra.
El sistema inconsciente no comunica con la consciencia sino sólo por el sistema preconsciente y cualquier proceso inconsciente que acceda a la consciencia, podrá hacerlo bajo determinadas condiciones, impuestas por la censura, y siempre que el sistema preconsciente le destine lo que llamamos carga de atención.

Cualquier acto psíquico pasa por dos estados o fases entre los cuales se haya intercalado una especie de examen (censura). Tenemos entonces por un lado el sistema inconsciente y por otro el sistema preconsciente-consciente.
En el primer estado decimos que un acto es inconsciente y forma parte de este sistema. Siempre y cuando pase la prueba de la censura pasará al segundo estado. Si es rechazado por ésta decimos que ha sido reprimido y permanece inconsciente. Cualquier acto preconsciente, no es de por sí consciente sino susceptible de serlo. Ahora bien, la existencia en todos nosotros de una censura, hace que nuestro yo consciente desconozca gran parte de nuestros proyectos psíquicos, y ese desconocimiento es, por así decirlo, tendencioso.
Como decía, no es que no nos acordemos de nuestra infancia porque en ella no estaba desarrollada todavía la capacidad mnémica.
A pesar de que el chico ya ha adquirido la capacidad de organización preconsciente, ha accedido al lenguaje, ha adquirido la capacidad verbal de expresión de sus deseos, llega un momento en el desarrollo sexual infantil o a la curiosidad infantil. Este es un fenómeno u olvido tendencioso, en última instancia, impuesto desde afuera (cultura), aunque ya desde ese momento actúa desde adentro, dado que corresponde a una cierta tendencia heredada dentro de la constitución del aparato psíquico.
Es la represión, de toda la sexualidad infantil lo que da lugar a la amnesia infantil determinada por la censura, que en los sueños aparece como censura onírica, en el tratamiento psicoanalítico como resistencias y en términos psicopatológicos se llama represión o defensa.
A partir de ese momento el aparato psíquico deja de ser una formación más o menos coherente, se produce una incoherencia básica, por lo tanto se consolida las condiciones del conflicto dinámico, y la estructuración de los distintos sistemas, con modos de funcionamiento e intereses opuestos.
Esto no significa que antes de ese momento no haya ningún conflicto ni determinadas formas de defensas, pero es oportuno recordar que el chico hasta ese momento manifiesta más o menos directamente lo que son sus deseos y particularmente sus deseos incestuosos, o sea todo aquello que Freud comprende bajo la denominación de Complejo de Edipo.
Es a partir de los cuatro o cinco años, con la entrada al periodo de la latencia que el aparato psíquico pierde esa unidad, esa coherencia y se empieza a producir una incongruencia interna, que hace que aquello que era vivido con sensaciones de placer, por ejemplo se transforme en angustioso. Se produce un cambio cualitativo, lo que era placentero se transforma angustioso. Es decir lo que sería placer para un sistema es displacer para otro a partir de ese momento.

Según Laplanche y Pontalis la represión es “una operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones (pensamiento, imágenes, recuerdos) ligados a una pulsión (susceptible de provocar por sí misma placer) ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias”.

Decíamos entonces que todo acto “reprimido” puede no llegar a la consciencia y seguir siendo inconsciente. Si lo postulamos desde lo económico, a una representación se le sustrae la carga o catexis preconsciente, con lo cual conserva su catexis inconsciente o bien se sustituye una catexis preconsciente por una inconsciente.
Por otro lado se admite la existencia de una contra-carga o contra-catexis por medio de la cual el sistema preconsciente se protege sobre la posible irrupción de una representación inconsciente.
Volviendo al concepto de censura, Laplanche y Pontalis señalan que “la función que tiende a impedir, a los deseos inconscientes y a las formaciones que de ellos derivan el acceso al sistema preconsciente-consciente”. La censura por lo tanto se halla en el mismo origen de la represión.
La distinción entre un acto psíquico inconsciente y uno preconsciente sólo puede establecerse después de la intervención de la censura.
Por el término censura, tenemos que entender sólo un término útil para caracterizar una relación dinámica.
Esta censura, va dirigida contra tendencias consideradas reprensibles e indecentes desde el punto de vista social, moral y estético, tendencias que no obedecen más que a las exigencias del instinto sexual. Habría también una pequeña censura entre el sistema preconsciente y consciente, pero casi carente de la rigurosidad dado que cualquier representación preconsciente puede fácilmente acceder a la conciencia, siempre y cuando, como dijimos anteriormente, se les destine cierta carga de atención.

Sistema inconsciente

Tendríamos dos maneras de entender el concepto de inconsciente desde el punto de vista descriptivo, es decir por un lado son inconscientes todos los contenidos, representaciones, etc., que no están presentes en el campo de la consciencia en un momento dado.
Desde este punto de vista también estaría incluido el sistema preconsciente ya que también son contenidos que podrían tener cualidad de consciencia o sea que descriptivamente están fuera del campo de la misma.

La otra forma de entender lo inconsciente es desde el punto de vista sistemático, o sea el sistema inconsciente, que está determinado por la acción de la represión, que hace que aquellas representaciones que sufren dicha acción entren a formar parte de una organización diferente de la organización preconsciente, con leyes articulares de funcionamiento. Por lo tanto describir al inconsciente como sistema implica describirlo en su sentido tópico, dentro de la primera teoría freudiana del aparato psíquico así como también desde su aspecto dinámico, ya que por la acción de la represión estarán dadas las condiciones para el conflicto.
Según Laplanche y Pontalis, la represión es “una operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente (pensamientos, imágenes, recuerdos), ligados a una pulsión. La represión se produce en aquellos casos en que la satisfacción de una pulsión (susceptible de provocar placer por sí misma), ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias”.
De acuerdo a esta definición también vemos que se incluye el factor económico, ya que la represión se ejerce sobre elementos que están ligados a una pulsión, que es la que aporta la carga o la energía o factor cuantitativo. Esta pulsión por lo tanto tenderá a descargarse por medio de un objeto, con la finalidad de suprimir el estado de tensión, creado por ese factor cuantitativo.
Tenderá de un modo general a la consecución del placer, o sea a la disminución de las cantidades de excitación, pero justamente a partir de la acción de la represión lo que va a ser placentero para un sistema psíquico, será displacentero para otro (conflicto).
A su vez este sistema va a tener un modo de funcionamiento particular, es lo que denominamos “procesos psíquicos primarios”. Estos son los que van a definir nuestra forma de pensar inconsciente. Sería un modo de funcionamiento que no está de acuerdo a nuestra lógica habitual, todos los contenidos o pensamientos que funcionan bajo nuestra lógica habitual, al ser reprimidos padecen una transformación y pasan a funcionar de acuerdo al proceso primario, con mecanismos tales como desplazamiento y condensación.

La noción de desplazamiento está dado por la comprobación clínica de una posible independencia de la representación y el afecto o sea que una representación puede transmitir su magnitud de carga a otra representación. Es decir, la energía cargada sobre una representación es susceptible de sustraerse de ella para aplicarse a otras representaciones, vinculadas a la primera.

Esta posibilidad está dado porque en el sistema inconsciente, la energía –o las cargas- fluye libremente, es decir que tienen a carga libremente, las experiencias ligadas a la satisfacción, y por lo tanto constitutivas del deseo, (alucinación primitiva).

La condensación a su vez reúne de una sola representación un gran número de series de asociaciones, o sea que esta representación recibe la carga energética que se halla vinculada a diversas series asociativas. Si tomamos una imagen onírica, una persona puede estar condensando varios personajes de los pensamientos preconscientes. Tener, por ejemplo, la cara de una persona, el nombre de otra, usar el traje que acostumbraba llevar una tercera persona, y sin embargo el sujeto del sueño sabe que se trata de una cuarta persona. En estos personajes están así condensadas varias personas que corresponde a diversas series de asociaciones, a distintos pensamientos o ideas preconscientes.

Es de destacar que el fenómeno de la condensación es favorecido por el proceso o mecanismo del desplazamiento.

Otra característica de los procesos del sistema inconsciente es el hecho de ser atemporales.

“Los procesos del sistema inconsciente se hallan fuera del tiempo, esto es, no aparecen ordenados cronológicamente del placer, sino también al principio de realidad, es decir que no se busca la satisfacción inmediata del deseo sino la postergación en la satisfacción de los mismos (deseos), de acuerdo con las condiciones imperantes en el mundo externo.