miércoles, 11 de mayo de 2016

Escuelas psicogenéticas



ESCUELAS PSICOGENETICAS

Intentaremos, al igual que lo hicimos con las escuelas anteriores, describir aquellos ejes primordiales que cada una de las escuelas psicológicas privilegiará, en relación al concepto de salud y enfermedad mental.
Todas ellas desde la psicología del siglo XIX y su taxinomia de las funciones, hasta el psicoanálisis francés contemporáneo impregnado del estructuralismo, de la dialéctica hegeliana y la antropología han delineado, de alguna manera, con o sin intenciones de hacerlo, conceptos que pueden adscribirse a nociones de salud y enfermedad mental.
Como decíamos, la psicología del siglo XIX, comprendía los estados patológicos por las disminuciones o aboliciones de distintas funciones o aptitudes, alteraciones de la memoria, la atención, la inteligencia, del campo de la conciencia, etc. Estas conceptualizaciones entrarán en crisis con la ruptura epistemológica efectuada por Freud con el descubrimiento del inconsciente; dividiendo así en forma tajante, la historia misma de la psicología, esta ruptura entonces relacionará a los procesos patológicos una determinación inconsciente; esta determinación nos ligará al persistente trabajo de lo inconsciente en su búsqueda de realización de deseos. Lo inconsciente parecerá en sus efectos, en las formaciones de su lógica: Actos fallidos, sueños, chistes.
Tres textos se constituirán así, en ejes primordiales para la comprensión de sus manifestaciones, “Psicopatología de la vida cotidiana”, “La interpretación de los sueños”, y “El chiste y su relación con el inconsciente”.
Así, la psicopatología abarcará también a los procesos de la vida cotidiana, despojándose del saber positivista que la constituía hasta entonces. Los síntomas como producciones metafóricas funcionarán como significantes en el orden de un discurso y como producciones transaccionales intersistémicas.
En desarrollos posteriores del pensamiento freudiano, G. García dice: “El discurso psicoanalítico es el lazo social determinado por la práctica del psicoanálisis: Allí no se aloja ninguna taxinomia. No hay otro bien que el biendecir, pro el biendeceir no dice dónde está el bien (la normalidad, la salud, la madurez, etc.)”.
Siguiendo la idea de sobredeterminación inconsciente podemos citar a Rafael Paz: “El concepto freudiano de sobredeterminación, ocupa, en este sentido, un lugar peculiar en el sistema, pues cabalga sobre ambos sistemas.
En efecto, en un sentido representa “la concurrencia de varios factores, para dar nacimiento a una de estas afecciones (J. Laplanche y Pontalis), en otro la convergencia en un síntoma o en una representación onírica de múltiples significados, de tal forma que el análisis de aquel conducirá, por la arborescencia de los significantes hasta “nódulos compuestos por los recuerdos de sucesos o de procesos mentales en los que ha culminado el factor traumático o ha hallado la idea patógena su más puro desarrollo (U.L. y J.P.)
Estos desarrollos nos remiten al concepto freudiano de series complementarias, factor constitucional, experiencia infantil y desencadenante, que junto a los criterios de regresión y fijación articularán la conformación de las distintas estructuras patológicas.
El criterio de normalidad en Freud estará vinculado a la sexualidad y su desarrollo, así la síntesis genital constituirá el modelo de salud, éste podrá ser relativizado, a la luz de la contingencialidad objetal, de la pulsión, el goce de las parcialidades, la capacidad erógena del cuerpo en su totalidad, la subversión del cuerpo de la anatomía, etc.
El intento, entonces, de definir la relación sexual normal, se entenderá por la proposición de delimitar el campo de lo femenino y lo masculino por sus avatares a la castración, lugar de la diferencia sexual.
Otros de los criterios de enfermedad mental, donde quedaría implícito el de salud, es el que comprende la noción de conflicto, generalmente entre pares opuestos (pulsión del yo vs. Pulsión sexual; Eros vs. Tánatos) así como la oposición intersistémica (oposición entre instancias) estos conflictos devendrán síntomas, como formación transaccional, transitoria o permanente. Ahora bien, deberemos entender esa producción no sólo en su carácter negativo sino en su positividad restitutiva. El sujeto en Freud es conflicto, la idea de homeostasis derivada de la teoría económica lo confirma.
Desarrollos posteriores a Freud, como los efectuados por Melanie Klein, establecerán también desde posiciones psicoanalíticas algunos criterios de normalidad. S. Isaac establece que lo normal estriba en la forma en cómo son tratadas las fantasías inconscientes los procesos por medio de los cuales son elaborados y modificadas, y no de la gratificación directa o indirecta que logran en el mundo real. Y por último, el grado de adaptación al mismo que estos mecanismos permiten.
Otro desmembramiento de la teoría psicoanalítica, y que resulta de cierta utilidad para la delimitación del campo de la salud y la enfermedad mental, lo constituye el desarrollo efectuado por E. Erikson. Este describe a la personalidad como víctima del devenir azaroso de la vida donde quedarán combinadas fuerzas pulsionales, sociales, culturales, etc.
En este devenir puntualiza ocho momentos donde establece distintos conflictos a los que llamará psicológicas y que ordena de la siguiente forma:



Crisis psicológicas
Radio de relaciones
Fases psicosexuales
Sentido
Confianza vs. desconfianza
Persona materna
Oral
Confianza básica
Autonomía vs. Vergüenza y duda
Personas parentales
Anal
Autonomía
Iniciativa vs. culpa
Familia básica
Fálica
Iniciativa
Industria vs. inferioridad
Vecindario, escuela
Latencia
Industria
Identidad y repudio vs. Difusión de la identidad
Grupo de pares
Pubertad
Identidad
Intimidad y solidaridad vs. aislamiento
Amigos, sexo, competencia
Genitalidad
Intimidad
Generatividad vs. Absorción en sí
División del trabajo
Genitalidad
Generatividad
Integridad vs. Disgusto, desesperación
“Humanidad”
“Los míos”
Vejez
Integridad





Dentro del saber psicológico también se encuentra la teoría cognoscitiva de Piaget, que tampoco podrá eludir alguna definición sobre el problema de la enfermedad mental. Piaget concibe un orden universal donde la ciencia está interrelacionada, propone una unidad de todas las cosas biológicas, sociales, psicológicas e ideacionales, por ende cualquier variación en esta unidad producto de alguna desviación cultural o hereditaria es una consecuencia del proceso regular del desarrollo.
Maier al referirse a los criterios etiológicos planteados por Piaget en relación a la conducta humana dice: “Su teoría del desarrollo cognoscitivo en una cadena de supuestos que hayan explicación en dos aspectos diferentes de su teoría del desarrollo: Primero, el crecimiento bilógico apunta a todos los procesos mentales como continuación de procesos motores innatos; y segundo, en los procesos de la experiencia –el origen de todas las características adquiridas- el organismo descubre la existencia separada de lo que experimenta. En otras palabras, no es tanto la maduración como la experiencia lo que define la esencia del desarrollo cognoscitivo.
Al experimentar sus propios reflejos innatos, el individuo se ve llevado a utilizarlos y a aplicarlos, y de ello se desprenden la adquisición de nuevos procesos conductales. Por consiguiente la adquisición de sistemas humanos de organización no es puramente social ni enteramente un resultado de la maduración; estos sistemas se originan más bien en las pautas naturales de vida de un individuo. De acuerdo con las palabras de Piaget, son una ley de la naturaleza. La evolución de la organización cognoscitiva se explica mediante dos supuestos diferentes, surgidos alternativamente por Piaget:
1) La organización y la intervención de los objetos, el espacio la casualidad y el tiempo implica la existencia a priori de pautas definidas del desarrollo intelectual.
2) El intelecto organiza su propia estructura en virtud de su experiencia con los objetos, el espacio, la causalidad y el tiempo y la interrelación de estas realidades ambientales.
Piaget intentará una correlación entre afectividad y estructura lógica, a partir del mismo proceso humano así el afecto y la inteligencia constituirán las dos caras de una misma moneda; Piaget dice: “Ambas están siempre reunidas, como una unidad. Ambas contribuyen a la adaptación del ambiente. La razón y los sentimientos no son facultades independientes, siempre están unidas en los hechos. No amamos sin tratar de comprender y ni siquiera odiamos sin un empleo sutil del juicio”.
Maier sintetiza esto diciendo: “Por lo tanto, la teoría de Piaget descansa en el supuesto de que la personalidad humana se desarrolla a partir de un complejo de funciones intelectuales y afectivas, y de la interrelación de las dos funciones. Los procesos intelectuales orientan al individuo organizado e integrado estas funciones de la personalidad humana”.
Así entonces la idea de salud desarrolladas por Piaget tendrán directa articulación con la idea de equilibrio, el desarrollo humano se efectuará en una serie progresiva de intentos de equilibrar formas (adaptación y acomodación). Cada uno de estos intentos descansará sobre adquisiciones previas que sedimentan a su vez los fundamentos de ulteriores formas.

Si bien pudimos observar que todas las teorías psicológicas se encuentras afectadas por la influencia de las escuelas sociológicas su punto de contacto es débil, centrándola más bien problemática de la salud y enfermedad mental en causales endógenas al sujeto en riesgo de caer en el llamado psicologismo.

sábado, 7 de mayo de 2016

Estudios psicológicos del trabajo: fatiga, monotonía y aburrimiento


La fatiga, la monotonía y el aburrimiento en la realización de la tarea.

Fatiga

La fatiga puede definirse como "una reducción en la aptitud para trabajar a causa del trabajo anterior".

La fatiga produce un efecto en el trabajador que puede ser en su físico como en su mente y esto tiende a rebajar la cantidad y la calidad de trabajo respecto de los niveles de rendimiento esperables.

Esa reducción puede deberse a:

-cambios neurobiológicos
-cambios psicofisiológicos

Es importante puntualizar el grado y forma de fatigabilidad en cada trabajador para valorar el rendimiento del mismo.

Para medir la fatiga contamos con distintas pruebas psicotécnicas a saber:

a-prueba de medición de fatiga neuromuscular: se determina con un ergógrafo.

b-pruebas psicológicas

c-prueba de tensión arterial

d-prueba de test químicos

Cualquier estudio que se realice para evaluar el grado de fatiga de un trabajador deber contemplar no solamente la actividad física real realizada por éste sino también los factores indefinidos del ambiente que pueden provocar un cambio en la actitud del trabajador hacia la tarea que realiza.

Monotonía

Cuando un trabajador considera que lo que hace no es importante por ser de tipo masivo sobreviene la monotonía en la tarea.
El trabajo repetitivo provoca muchas veces efectos nocivos en los trabajadores uno de estos efectos es la monotonía.
La monotonía es un factor que puede desencadenar en fatiga y falta de interés por la tarea.
Se presenta con mucha m s frecuencia en períodos cortos de trabajo que en los períodos largos, especialmente cuando la producción depende de la velocidad de las maquinarias.
La monotonía es como ya dijimos un estado anémico provocado por el trabajo repetitivo pero no necesariamente se la relaciona con la noción de disgusto o rechazo a nivel emocional si implica una actitud desfavorable sobre la tarea realizada.
Muchos estudiosos concuerdan que la monotonía produce desfavorables efectos sobre la producción.

Aburrimiento

Es un efecto nocivo provocado por el efecto repetitivo de una tarea.
El aburrimiento se ver afectado fundamentalmente por los siguientes factores: la personalidad, la actitud, el humor del trabajador y la percepción que éste tiene de la tarea que realiza o sea como valora o no la labor realizada.
Cuando se encuentran aburridos por la tarea los trabajadores tienen la tendencia a charlar, a trabajar mucho más despacio y por consiguiente a producir menos.
Una de las medidas que se toma en las empresas modernas para evitar el aburrimiento y por consiguiente la baja productividad de los empleados es la variabilidad en la tarea y también se considera la importancia de los períodos de descanso que el trabajador necesita y deben ser respetados.

Motivación e incentivos

Motivación

Las motivaciones tienen una raíz subjetiva y por consiguiente está n en lo m s profundo de la naturaleza humana.
Los seres humanos tenemos muchas conductas en potencia y solo algunas de estas se llevan a cabo, o sea que alguna de las aptitudes del trabajador se concreten, es un problema de motivación.

Hay tres intenciones subjetivas que tenemos que considerar:

-el deseo de tener a través del trabajo una condición social.
-el deseo de prestigio lo hace sentirse apreciado por sus pares.
-el deseo de sentir seguridad.

Por medio de las motivaciones el trabajador expresar aptitudes que ya posee, o desarrollar nuevas.

Incentivos

Los incentivos son todas aquellas influencias positivas que tienen como fin principal estimular el esfuerzo de los hombres.
Son estímulos objetivos que hallamos en cosas materiales o morales.

Cuando hablamos de incentivos en el trabajo decimos que hay dos grandes grupos de incentivos:
- incentivos pecuniarios: se basan en la obtención de sumas de dinero, beneficios sociales, etc. Sabemos que el dinero en sí mismo no es un incentivo pero en nuestra sociedad el dinero tiene valor de intercambio, nos sirve para obtener otras cosas materiales, por eso se busca con tanta avidez.
- incentivos no pecuniarios: se basan en estímulos no monetarios, a saber: ascensos, distinciones meritorias, cargos etc.

El conjunto de incentivos puede actuar individual o grupalmente siendo siempre un estimulo objetivo.
En función de las necesidades básicas algunos autores determinan que no hay incentivos ideales porque cada uno de estos va a variar de acuerdo a la cultura, la sociedad, la organización empresarial a la cual el trabajador pertenezca.
Los incentivos se oponen a los motivos porque un incentivo positivo puede
ser positivo para un individuo y negativo para otro pues los motivos varían en función de cada trabajador, en cambio los incentivos no varían.

Aptitudes y actitudes

Aptitudes
La aptitud es toda la disposición natural para realizar algo, esto es, hacerlo de manera eficiente.
La aptitud es aquella capacidad de rendimiento posible de un trabajador.
La forma en la que un trabajador realice su tarea depender en gran medida de sus aptitudes para la misma y de la buena voluntad y la motivación para llevarla a cabo.

Actitudes
La actitud es un estado, una disposición psíquica que está organizada por la experiencia individual y que además tiene influencia para dirigir la manera de reaccionar del individuo ante diversas situaciones.
Sabemos que la actitud de un individuo es un factor importantes para poder determinar la forma en la que puede llegar a experimentar un estimulo determinado en una situación determinada.

Consideramos entonces que el estudio de las actitudes en la esfera laboral nos permitir conocer en gran medida las reacciones de las personas. 


miércoles, 4 de mayo de 2016

Escuelas organoenéticas




ESCUELAS ORGANOGENETICAS

Esta denominación tiene su justificación en tanto que comprendemos que las diversas posturas que asimilamos a esta categoría admiten todas ellas la hipótesis de que el origen de la enfermedad mental estaría relacionado, estaría situado esencialmente en una insuficiencia, una lesión, un desequilibrio a nivel somático.
Si bien ese elemento de identidad nos permite situarlas en un conjunto, existirán desarrollos actualizados que no admitirán esta fragmentación del ser humano. Estas posturas en su modo más radicalizado sostendrán el “organicismo” que en disputa con el “psicologismo” dio origen a acaloradas como estériles discusiones a lo largo del tiempo.
Este organicismo seria la bandera de cohesión que esgrimió la tradicional Psiquiatría Clásica.
Citaremos a K. Schneider por considerarlo conspicuo representante de esta posición: “El concepto de enfermedad es precisamente para nosotros, en Psiquiatría estrictamente médico, enfermedad propiamente dicha no existe sino en lo somático, y denominamos morboso a lo psíquicamente anormal cuando es susceptible de ser referido a procesos orgánicos morbosos” (…) “No conocemos los procesos morbosos que se hallan en la base de la ciclotimia y la esquizofrenia. El que se hallen fundamentalmente sobre enfermedades constituye una conjetura que goza de sólido apoyo. La herencia frecuente, las vinculaciones con los procesos genéticos y las alteraciones somáticas generales que muchas veces se hallan no son para ello tan importantes como los siguientes hechos psicopatológicos: El que aparezcan, entre otros, síntomas tales que no guardan analogía alguna con la vida psíquica normal y con sus variantes anormales. En su abrumadora mayoría no se puede referir estas psicosis a vivencias, no se hallan motivadas por éstas. No son influidas en modo apreciable por tratamientos psíquicos, sí, en cambio mediante tratamientos somáticos.
Más ante todo quiebran las leyes y normas que rigen la continuidad del sentido del desarrollo vital”… “Una interpretación especulativa que los considerase como reacciones de conflicto enmascaradas (“neurosis”) es para nosotros absolutamente inadmisible.
¿Es posible imaginar que “el ama” se puede transformar por sí sola de un modo tan grotesco sin que ello sea causado por una enfermedad del cuerpo?... Mucho se habla hoy del origen psíquico de enfermedades, de su psicogénesis. A este respecto diremos lo siguiente: La enfermedad posee (como todas las cosas) no solamente unas muchas de hecho, infinitas condiciones determinante. Aquel factor (conocido o desconocido) del haz causal, sin el cual la enfermedad no podría ser, no es jamás de naturaleza psíquica”.
Creemos que el párrafo con que termina el artículo de Schneider es de suma importancia por las repercusiones que trae aparejado:
“Un más profundo motivo de la tendencia de “psicologizar” las enfermedades residiría quizás en la necesidad de convertir la enfermedad en algo subordinado al hombre, mediante su inclusión en vinculaciones de motivos… para lograr así su dominio. No se quiere soportar nada, pues uno mismo es quien quisiera conducir por sí mismo. Un alzamiento titánico contra el destino y sus fundamentos metafísicos”.
Es interesante observar la critica que hace Rafael Paz a los conceptos de Schneider, para esto citaremos un párrafo de su libro “Psicopatología”: “Lo grotesco, o sea lo raro, lo desagradable, lo psicótico, no puede ser sino corporal. “Cuerpo connota así todas las determinaciones desconocidas del comportamiento”.
Este pensamiento se apoya en elementos reales: La existencia de trastornos cualitativamente distintos es un hecho que se impone por evidencia empírica, pero el problema no concluye aquí, sino que comienza. ¿   Qué hacer con lo nuevo?
Una posibilidad es apelar a un concepto límite, expresado aquí con la idea de “cuerpo”, ya que no funciona en el nivel empírico, como síntesis de observables, sino ideológico.
En él, constituido como zona muda de la teoría, se depositarán todas las determinaciones vinculares y sociales no exploradas, para finalmente erigirlo en misterio y asignarle un carácter irreverente a la intención investigadora.
La ecuación: Enfermedad-médico-organicidad se muestra evidente y verdadera en la medida en que refleja un universo asociativo familiar, por lo que impone como dato “a priori” y cierra la posibilidad de un diálogo más profundo”.
Por supuesto no todos los autores que englobamos dentro de estas escuelas tienen un “afán” filosófico tan elevado como Schneider. Sintéticamente podríamos decir que existe toda una corriente dentro de esta escuela que denominaremos de orden mecanicista. Esta considerará que la patología mental es el resultado de una alteración neurológica y ésta se traducirá de un modo lineal, directo (sin mediación) de las primeras.
El esquema de causación y formación que proponen es “restrictivo” ya que supondrán la enfermedad mental como un conjunto semiológico, o sea que nos encontramos ante un orden de recorte y definición implícita de la enfermedad mental a través de una teoría etiológica.
La etiopatología variará según los recortes somáticos. La teoría de las localizaciones pondrá su acento en el de las lesiones cerebrales. La teoría bioquímica lo harán las alteraciones metabólicas. La teoría reflexológica identificará debilidades funcionales en la constitución cerebral. La psiquiatría bilógica que agregará a los factores antedichos las anomalías genéticas.
Para toda esta concepción de la enfermedad mental sería englobada como una enfermedad orgánica más, y para ser más específicos, como una enfermedad cerebral. Su preocupación, por lo tanto, será determinar esos puntos, zonas, localizaciones, estructuras, que se hallan afectadas.
Esta corriente mecanicista sostenida por la psiquiatría bilógica se ampara en su ejemplo prototípico, el cual se refiere a la etiología de la P.G.P. Así se hablara de la causa, un treponema, una lesión: La meningoencefalítis, y un síntoma, el delirio eufórico.
Esta tríada: Causa, lesión, síntoma, compondrá el vector causal. Y si bien este sistema etiológico no ha podido ser demostrado en otras patologías mentales, es en su ratificación que se hallaran abocadas la psiquiatría mecanicista.



jueves, 28 de abril de 2016

Historia de la psicopatología: la organogénesis dinámica




La organogénesis dinámica

Para Henry Ey, representante de esta escuela la enfermedad mental aporta lo siguiente: 
“…En toda enfermedad mental se supone un componente orgánico o negativo y otro dinámico y positivo, este último proporcionado por el accionar de las fuerzas afectivas e instintivas del inconsciente”.

Se trata de crear un cuerpo doctrinario de explicación que se capaz de integrar lo psíquico y lo orgánico actuando conjunta y dinámica, de tal forma que su acción conjunta produce la enfermedad.

Disolución es el proceso dentro de esta interacción que produce la enfermedad para la escuela dinamista. 

Para esta escuela no hay una psicogenia pura ni una organogenia pura, sino una complementariedad de los procesos somáticos y psíquicos.

Esta corriente afirma que existiría en todo proceso mental dos elementos a considerar:

1- ligado a lo orgánico: constituye la faz negativa, que sería la que en última instancia está produciendo la enfermedad; 
2- una faz positiva que será el intento de restitución por parte de sujeto, o de suplir lo que la enfermedad le quita.

Suponiendo que existan distintos niveles de organización de psiquismo, dada una alteración en el nivel 1 (uno) (de mayor jerarquía) se buscan niveles más primitivos compensatorios de los que no funcionan.
En el caso de producirse una disolución, sea o no de carácter lesional, el nivel anterior intentará suplirlo.
Este funcionamiento más primitivo, más arcaico en cuanto al nivel que está en juego, en la evolución psíquica, es lo que ante el observador aparece como enfermedad mental.

Las leyes que gobiernan este proceso de disgregación son:

a- La evolución sigue un proceso que va desde lo más simple a lo más complejo.

b- La disgregación o disolución (proceso opuestos la evolución o involutivo) va, por el contrario, de lo más complejo a lo más simple.

c- En cualquier perturbación nerviosa que esté gobernada por la ley de disolución, hay que considerar dos factores, uno positivo (hiper-funcionamiento de los niveles inmediatamente inferiores).

Definición de enfermedad mental

La enfermedad mental se define entonces por: “(…) la desorganización del ser psíquico a diversos niveles, siendo condicionada esta desorganización por factores orgánicos”.

Los síntomas que acompañan las alteraciones de origen cerebral, constituyen la pérdida de funciones adquiridas tardíamente que son reemplazadas por otras más primitivas en la constitución del psiquismo.

Esto puede ser ilustrado con el reflejo de Babinsky, signo primitivo que desaparece en la primera infancia cuando se mielinizan las vías corticoespinales, reapareciendo cuando una enfermedad afecta las vías que provienen de la corteza.

Lo que el clínico considera como síntoma no es sino una conducta restitutiva o compensadora del organismo de carácter adaptativa consecutiva o la pérdida de una función.

Estas hipótesis, desarrolladas por Ribot, Mourg, Delay y otros autores, dan lugar al neojacksonismo. 

Sobre estos antecedentes, Claude, Ey y Rouart, establecen los fundamentos del organodinamismo, intentando sintetizar los aportes del jacksonismo con la obra psicoanalítica.

Desde este momento se delimitan los campos de la neurología y la psicopatología.

Neurología: Le compete el estudio de la “disolución de capacidades”

Psicopatología: Se ocupa de la investigación de las disgregaciones, cuyas consecuencias se manifiestan en la regresión e involución de la personalidad.

Para H. Ey el trastorno fundamental que origina la enfermedad mental, es un trastorno negativo de base orgánica. Y señala que entre lo orgánico y lo psíquico se establece un hiato.

La psicogénesis pura, sin una base orgánica que permita el trastorno presente es un mito.
Lo que existiría, según esta concepción, es una mutua complementación de procesos organogenéticos y procesos psicogenéticos.
Ahora bien, esta complementación entre ambos es relativa. 
El factor determinante sigue siendo lo orgánico.

Siempre, para esta concepción existe algún cuantum de predisposición orgánica que es el terreno en el cual la enfermedad se desarrolla.

Los conflictos experienciales no actuarían sino como disparadores de lo que les preexiste como disposición orgánica que llevaría a la enfermedad.

Observando el panorama psicológico y psicopatológico del siglo pasado, es posible encontrar una disposición entre dos corrientes fundamentales:
La psicología de consciencia, por un lado, y por otro la psicología contemporánea.

La psicología de consciencia, ya sea introspeccionista o conductista, se caracteriza por ser:
-mecanicista
-dualista
-elementalista
-a-histórica

Parte del “paralelismo psicofisiológico” que sostiene que entre una y otra serie (conciencia-movimiento) nada hay en común. 
No existe movimiento en la conciencia; nada hay de propósito en el movimiento. 
Y si en el movimiento no hay conciencia, no hay intención consciente, la única probabilidad de explicar científicamente a la acción es la mecánica, o sea la explicación mecanicista de la acción.

La elección de una de estas dos series por las distintas escuelas nos va a dar el panorama histórico de la Psicología de Consciencia.

La conciencia está enfrentada al mundo externo, y entre estos dos términos la única relación posible era la del conocimiento. 
Hay entonces una conciencia cognoscente y un objeto. Y este objeto tiene el status del objeto físico que concibe al estímulo como incondicionalmente estimulante. 
Este estímulo anónimo sólo existe en la Física y no en la Psicología donde lo significativo depende de una historia. Y si el estímulo tiene las características del objeto físico, ello implica también manejarse con estímulos totalmente átomos y no con estímulos que remitan a objetos totales significativos. Lo que es captado por esta consciencia percipiente, inmediatamente debe ser reducido a sus elementos últimos (elementalista) para lograr un conocimiento objetivo del proceso de la percepción en general.
Nos hallamos ante un modelo conceptual que intenta borrar la subjetividad que no hace sino distorsionar al fenómeno. Por lo cual se encuentra imposibilitada de dar cuenta de los fenómenos de su propio ámbito.
La psiquiatría descriptiva, hija dilecta de la Psicología de la Conciencia, no habla de enfermos sino de enfermedades.

Pero la psicología introspeccionista un olvido es el fracaso en la cadena asociativa de la conciencia. Las leyes que esta escuela establece para explicar el por qué se recuerda o no son intrínsecas al hecho en cuestión (no depende de su relación con otros acontecimientos de la historia del sujeto, aquí el valor estaría dada por la interdependencia). Asociación por semejanza, continuidad y contigüidad.

El conductismo explicaría al olvido por una ruptura en la cadena conectiva neuronal.

Si bien Watson niega la conciencia, se mantiene dentro de la concepción y los supuestos de la Psicología de la Conciencia. El no resuelve el dualismo conciencia-movimiento, sino que elimina un término de esta serie: la conciencia. Y al intentar explicar la conducta moviéndose únicamente en el ámbito del sistema nervioso periférico y sus progresivos condicionamiento para dar cuenta de la acción sin recurrir a la corteza cerebral (donde él suponía que funcionaba un sustituto de conciencia), ya no se trata de una posición atomista (y él lo reconoce reiteradamente) sino que apela a una totalidad. Y lo que por contraposición permite ver es que la conducta sólo puede ser explicada cabalmente en tanto encierra una significación, un sentido.

Volviendo al ejemplo del olvido, si éste carece de sentido, es un elemento aislado que no tiene relación alguna con el resto de los comportamientos del sujeto.
Y además de ser un aislamiento aislado no tiene significado, para qué preguntarse por el proceso psíquico que lleva al sujeto al olvido.
Hasta ese momento se coleccionaban síntomas. De pronto estos síntomas presentan una estructura solidaria que los abarca.
Que el todo es más que la suma de las partes es patrimonio de la Psicología Gestáltica, pero ésta concibe la estructura como sincrónica.
Por lo tanto un olvido, o una paranoia, tiene que ver con una respuesta por parte del individuo a una situación vital presente, donde la categoría de historicidad no está presente.
Y aquella teoría que concibe a la enfermedad como una estructura genéticamente determinada es el Psicoanálisis.
Y el tercer elemento es que esta conducta (1ro genéticamente determinnada, 2do que no es casual) posee un sentido que e l sujeto desconoce.
Si lo central era hasta ahora el síntoma, esto no es sino una manifestación de otra cosa que lo determina desde un más allá del sujeto que lo padece.
Los procesos que subyacen a la conciencia son determinantes en relación, a ésta que no es sino su producto.

El gran cambio que introduce el psicoanálisis es el pasaje a una psicopatología en donde el protagonista principal deja de ser el Yo para cederé el paso al deseo inconsciente que irrumpe a través del síntoma de los delirios, de las alucinaciones, de los olvidos, allí donde el lenguaje vacila, desfallece ante un goce que le está prohibido. (Aquí se inserta psicoanálisis y metapsicología)