viernes, 23 de octubre de 2015

El aparato psíquico: primera tópica



Aparato psíquico: vertiente dinámica

Primera tópica 



La primera estructuración del aparato psíquico que Freud plantea en el capítulo VII de su obra “La interpretación de los sueños”, del año 1900, este aparato idealmente desarrollado está conceptualizado en formas de distintas organizaciones de huellas mnémicas, como un aparato reflejo donde habría un extremo sensible y un extremo motor.

Esta particular organización de huellas mnémicas en virtud de cierta organización cronológica y de distintos modos de funcionamiento determinará la división en tres sistemas:
-          Sistema inconsciente
-          Sistema preconsciente
-          Sistema consciente

En su concepción topográfica del psiquismo Freud propone la presencia de tres instancias psíquicas de la siguiente manera:

Sistema Consciente: 

Freud no se esfuerza demasiado por caracterizar la conciencia, dado que la adecua a lo que los filósofos y el mismísimo "saber popular" consideran al respecto. 
La conciencia está asociada a la percepción y cumple una función selectiva, acomodando, eludiendo, modificando y/o filtrando los estímulos provenientes tanto del mundo exterior como del interior.

Sistema Pre-consciente: 

Es una instancia cuyos contenidos no están en la conciencia pero son susceptibles de acceder a ella.

Sistema Inconsciente: 

Constituye el gran descubrimiento freudiano. El inconsciente es un sistema psíquico cuyos contenidos no tienen acceso a la conciencia, al menos no sin esfuerzo por nuestra parte, (aunque pueden acceder espontáneamente de forma arrasadora como sucede en los estados psicóticos) porque han sido reprimidos y encuentran una resistencia cada vez que intentan acceder a la conciencia. 
Estos contenidos inconscientes son representantes de las pulsiones primitivas: lo heredado, lo rechazado, los instintos.


Características y modos de funcionamientos de los sistemas Inc. Preconsc. Consc.

Sistema consciente:

En el extremo sensible (polo perceptivo) se encuentra un sistema encargado en recibir las percepciones sensoriales, en el otro extremo el polo motor que es el encargado de decidir el acceso a la motilidad.
La dirección de este aparato va del polo perceptivo al polo motor.
Ahora bien, estas percepciones dejan en nosotros una huella mnémica duradera que adscribiremos a la función de la memoria.
Tenemos dos funciones distintas, acoger o recibir constantemente percepciones y retener las impresiones de las mismas en huellas duraderas. Estas dos funciones las distribuiremos en dos sistemas distintos, uno anterior que carece de toda memoria, o sea que no conserva nada de los estímulos de la percepción, y otro que transforma esta momentánea excitación sensorial en huellas mnémicas duraderas.

Decíamos que el primero de estos sistemas es el sistema consciente, y según cómo estén enlazadas estas huellas mnémicas entre sí en la memoria formarán distintos sistemas mnémicos.
El primero será el asociativo por simultaneidad (inconsciente), y los sistemas posteriores representarán otro distinto orden, por ejemplo las relaciones de analogía (preconsciente).
Por lo tanto nuestros recuerdos son inconscientes entre sí, y despliegan sus efectos justamente por estar en ese estado. Algunos de estos recuerdos por un proceso en particular podrán acceder a la consciencia. Otros casi nunca podrán hacerse conscientes, sobre todo los recuerdos de nuestra primera infancia, y fundamentalmente los vinculados a nuestra vida sexual infantil. Hay a su vez una instancia crítica que está ubicada a manera de pantalla o de barrera entre el sistema inconsciente por una parte y los sistemas preconsciente-consciente por la otra.
El sistema inconsciente no comunica con la consciencia sino sólo por el sistema preconsciente y cualquier proceso inconsciente que acceda a la consciencia, podrá hacerlo bajo determinadas condiciones, impuestas por la censura, y siempre que el sistema preconsciente le destine lo que llamamos carga de atención.

Cualquier acto psíquico pasa por dos estados o fases entre los cuales se haya intercalado una especie de examen (censura). Tenemos entonces por un lado el sistema inconsciente y por otro el sistema preconsciente-consciente.
En el primer estado decimos que un acto es inconsciente y forma parte de este sistema. Siempre y cuando pase la prueba de la censura pasará al segundo estado. Si es rechazado por ésta decimos que ha sido reprimido y permanece inconsciente. Cualquier acto preconsciente, no es de por sí consciente sino susceptible de serlo. Ahora bien, la existencia en todos nosotros de una censura, hace que nuestro yo consciente desconozca gran parte de nuestros proyectos psíquicos, y ese desconocimiento es, por así decirlo, tendencioso.
Como decía, no es que no nos acordemos de nuestra infancia porque en ella no estaba desarrollada todavía la capacidad mnémica.
A pesar de que el chico ya ha adquirido la capacidad de organización preconsciente, ha accedido al lenguaje, ha adquirido la capacidad verbal de expresión de sus deseos, llega un momento en el desarrollo sexual infantil o a la curiosidad infantil. Este es un fenómeno u olvido tendencioso, en última instancia, impuesto desde afuera (cultura), aunque ya desde ese momento actúa desde adentro, dado que corresponde a una cierta tendencia heredada dentro de la constitución del aparato psíquico.
Es la represión, de toda la sexualidad infantil lo que da lugar a la amnesia infantil determinada por la censura, que en los sueños aparece como censura onírica, en el tratamiento psicoanalítico como resistencias y en términos psicopatológicos se llama represión o defensa.
A partir de ese momento el aparato psíquico deja de ser una formación más o menos coherente, se produce una incoherencia básica, por lo tanto se consolida las condiciones del conflicto dinámico, y la estructuración de los distintos sistemas, con modos de funcionamiento e intereses opuestos.
Esto no significa que antes de ese momento no haya ningún conflicto ni determinadas formas de defensas, pero es oportuno recordar que el chico hasta ese momento manifiesta más o menos directamente lo que son sus deseos y particularmente sus deseos incestuosos, o sea todo aquello que Freud comprende bajo la denominación de Complejo de Edipo.
Es a partir de los cuatro o cinco años, con la entrada al periodo de la latencia que el aparato psíquico pierde esa unidad, esa coherencia y se empieza a producir una incongruencia interna, que hace que aquello que era vivido con sensaciones de placer, por ejemplo se transforme en angustioso. Se produce un cambio cualitativo, lo que era placentero se transforma angustioso. Es decir lo que sería placer para un sistema es displacer para otro a partir de ese momento.

Según Laplanche y Pontalis la represión es “una operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones (pensamiento, imágenes, recuerdos) ligados a una pulsión (susceptible de provocar por sí misma placer) ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias”.

Decíamos entonces que todo acto “reprimido” puede no llegar a la consciencia y seguir siendo inconsciente. Si lo postulamos desde lo económico, a una representación se le sustrae la carga o catexis preconsciente, con lo cual conserva su catexis inconsciente o bien se sustituye una catexis preconsciente por una inconsciente.
Por otro lado se admite la existencia de una contra-carga o contra-catexis por medio de la cual el sistema preconsciente se protege sobre la posible irrupción de una representación inconsciente.
Volviendo al concepto de censura, Laplanche y Pontalis señalan que “la función que tiende a impedir, a los deseos inconscientes y a las formaciones que de ellos derivan el acceso al sistema preconsciente-consciente”. La censura por lo tanto se halla en el mismo origen de la represión.
La distinción entre un acto psíquico inconsciente y uno preconsciente sólo puede establecerse después de la intervención de la censura.
Por el término censura, tenemos que entender sólo un término útil para caracterizar una relación dinámica.
Esta censura, va dirigida contra tendencias consideradas reprensibles e indecentes desde el punto de vista social, moral y estético, tendencias que no obedecen más que a las exigencias del instinto sexual. Habría también una pequeña censura entre el sistema preconsciente y consciente, pero casi carente de la rigurosidad dado que cualquier representación preconsciente puede fácilmente acceder a la conciencia, siempre y cuando, como dijimos anteriormente, se les destine cierta carga de atención.

Sistema inconsciente

Tendríamos dos maneras de entender el concepto de inconsciente desde el punto de vista descriptivo, es decir por un lado son inconscientes todos los contenidos, representaciones, etc., que no están presentes en el campo de la consciencia en un momento dado.
Desde este punto de vista también estaría incluido el sistema preconsciente ya que también son contenidos que podrían tener cualidad de consciencia o sea que descriptivamente están fuera del campo de la misma.

La otra forma de entender lo inconsciente es desde el punto de vista sistemático, o sea el sistema inconsciente, que está determinado por la acción de la represión, que hace que aquellas representaciones que sufren dicha acción entren a formar parte de una organización diferente de la organización preconsciente, con leyes articulares de funcionamiento. Por lo tanto describir al inconsciente como sistema implica describirlo en su sentido tópico, dentro de la primera teoría freudiana del aparato psíquico así como también desde su aspecto dinámico, ya que por la acción de la represión estarán dadas las condiciones para el conflicto.
Según Laplanche y Pontalis, la represión es “una operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente (pensamientos, imágenes, recuerdos), ligados a una pulsión. La represión se produce en aquellos casos en que la satisfacción de una pulsión (susceptible de provocar placer por sí misma), ofrecería el peligro de provocar displacer en virtud de otras exigencias”.
De acuerdo a esta definición también vemos que se incluye el factor económico, ya que la represión se ejerce sobre elementos que están ligados a una pulsión, que es la que aporta la carga o la energía o factor cuantitativo. Esta pulsión por lo tanto tenderá a descargarse por medio de un objeto, con la finalidad de suprimir el estado de tensión, creado por ese factor cuantitativo.
Tenderá de un modo general a la consecución del placer, o sea a la disminución de las cantidades de excitación, pero justamente a partir de la acción de la represión lo que va a ser placentero para un sistema psíquico, será displacentero para otro (conflicto).
A su vez este sistema va a tener un modo de funcionamiento particular, es lo que denominamos “procesos psíquicos primarios”. Estos son los que van a definir nuestra forma de pensar inconsciente. Sería un modo de funcionamiento que no está de acuerdo a nuestra lógica habitual, todos los contenidos o pensamientos que funcionan bajo nuestra lógica habitual, al ser reprimidos padecen una transformación y pasan a funcionar de acuerdo al proceso primario, con mecanismos tales como desplazamiento y condensación.

La noción de desplazamiento está dado por la comprobación clínica de una posible independencia de la representación y el afecto o sea que una representación puede transmitir su magnitud de carga a otra representación. Es decir, la energía cargada sobre una representación es susceptible de sustraerse de ella para aplicarse a otras representaciones, vinculadas a la primera.

Esta posibilidad está dado porque en el sistema inconsciente, la energía –o las cargas- fluye libremente, es decir que tienen a carga libremente, las experiencias ligadas a la satisfacción, y por lo tanto constitutivas del deseo, (alucinación primitiva).

La condensación a su vez reúne de una sola representación un gran número de series de asociaciones, o sea que esta representación recibe la carga energética que se halla vinculada a diversas series asociativas. Si tomamos una imagen onírica, una persona puede estar condensando varios personajes de los pensamientos preconscientes. Tener, por ejemplo, la cara de una persona, el nombre de otra, usar el traje que acostumbraba llevar una tercera persona, y sin embargo el sujeto del sueño sabe que se trata de una cuarta persona. En estos personajes están así condensadas varias personas que corresponde a diversas series de asociaciones, a distintos pensamientos o ideas preconscientes.

Es de destacar que el fenómeno de la condensación es favorecido por el proceso o mecanismo del desplazamiento.

Otra característica de los procesos del sistema inconsciente es el hecho de ser atemporales.

“Los procesos del sistema inconsciente se hallan fuera del tiempo, esto es, no aparecen ordenados cronológicamente del placer, sino también al principio de realidad, es decir que no se busca la satisfacción inmediata del deseo sino la postergación en la satisfacción de los mismos (deseos), de acuerdo con las condiciones imperantes en el mundo externo.

viernes, 16 de octubre de 2015

El aparato psíquico: vertiente dinámica



Aparato psíquico: vertiente dinámica

Punto de vista dinámico o vertiente dinámica

Dijimos que el aparato psíquico está dividido en distintos sistemas:

Primera formulación teórica:
-          Inconsciente
-          Preconsciente
-          Consciente,

Y según la segunda formulación teórica:
-          Yo
-          Ello
-          Superyo

La perspectiva dinámica, entonces, es la que integra dentro de sí los conflictos de fuerzas. Estas fuerzas serán fuerzas psíquicas opuestas, y justamente esta división del psiquismo en diferentes instancias o sistemas se explica de algún modo por el conflicto dinámico de fuerzas opuestas entre sí.

Los términos de este conflicto, estarán dados de múltiples formas según el contexto teórico o la entidad psicopatológica de la cual se trate.

Pasaremos en el siguiente punto a referirnos a la primera y segunda tópica.

2. Las concepciones del aparato psíquico

2.1. Las dos concepciones del aparato psíquico

Se aprecia la tentativa de Freud de conciliar sus dos concepciones del aparato psíquico (las dos tópicas freudianas): la concepción topográfica y la estructural

2.2. Estructura

Freud utiliza el concepto tópica (derivado del término griego topos: lugar) porque presupone que el psiquismo está conformado por decirlo metafóricamente por “lugares psíquicos” es decir, sistemas con características y localizaciones cerebrales diferentes y que interactúan dinámicamente. 

Se percibe a lo largo de todo el texto el intento por parte de Freud de apoyar sus descubrimientos en la biología (partiendo de la teoría de la evolución, con la suposición implícita del carácter adaptativo de las funciones mentales) y de forma más tangencial en la neurología, si bien lo que fundamentalmente subyace en la formulación de las dos tópicas es un intento de esclarecer teóricamente el contenido del aparato psíquico y las menciones biológicas y neurológicas son más bien “apoyos” en un enfoque primordialmente teórico 

viernes, 9 de octubre de 2015

El aparato psíquico: vertiente económica



Aparato psíquico: vertiente económica


Decíamos al principio que la metapsicología incluía tres vertientes:
-          tópica
-          dinámica
-          económica

1.      Punto de vista económico o vertiente económica

En tanto se refiere a cantidades es la perspectiva cuantitativa dentro del aparato psíquico.
Lo económico tiene que ver con cantidades, como lo que planteábamos antes como exigencia o magnitud de exigencia de trabajo impuesta al aparato psíquico, por su dependencia de la materialidad somática.

Es esa magnitud expresada en términos cuantitativos, aunque no necesariamente medibles.

Lo económico pone de manifiesto la dependencia psicológica de lo somático.
Expresa esa presión dada por la tensión de necesidad, que a nivel psicológico se manifestará como magnitudes de cantidad que requieren se les otorgue cualidad psíquica como deseo.
Deseo que a su vez deba ser organizado dentro de una estructura constituida por el entrelazamiento de los mismos deseos (enfoque sistemático o tópico).

Según Laplanche y Pontalis, lo económico “califica todo lo relacionado con la hipótesis según la cual los procesos psíquicos consisten en la circulación y distribución de una energía cuantificable (energía pulsional), es decir, susceptible de aumento, de disminución y de equivalencias”.

Por lo tanto la hipótesis económica posibilita el estudio tanto de la movilidad de las cargas como el de sus oposiciones o de sus cambios de intensidades.
La idea rectora sería la de que este aparato psíquico, tendría la finalidad de mantener en un nivel lo más bajo posible, o en un nivel mínimo la energía que circula o que se desplaza en él. (Principio de constancia).

Así como cantidades que provienen de lo somático, este aparato mental recibe también cantidades que provienen del mundo externo. Como estas cantidades son más grandes, el aparato psíquico deberá de algún modo transformarlas ya que sólo trabaja con pequeñas cantidades, y que justamente por la característica de ser cantidades de menor magnitud, permiten todos los procesos como el de pensamiento, por ejemplo.
A las excitaciones internas Freud las califica como pulsiones, y ejercen una constante presión, que es lo que determina esa exigencia de trabajo que enunciábamos en los párrafos anteriores.

Por lo tanto según el punto de vista económico, este aparato psíquico se caracteriza por el juego de cargas, contra-cargas y sobrecargas de energía psíquicas.

Esta cantidad de energía psíquica puede ser llevada a una o varias representaciones, a un objeto exterior o fantasmagórico, objeto de las fantasías, a una parte del cuerpo o al Yo. A esta carga la podemos denominar catexis.


Estos serian algunos de los conceptos implícitos dentro del punto de vista económico que a manera de introducción nos permite tener una impresión de cómo funciona este aparato mental a partir de este punto de vista.

viernes, 2 de octubre de 2015

El aparato psíquico: vertiente tópica


El aparato psíquico: vertiente tópica

Vertiente tópica

Es aquella perspectiva que tiende a describir los fenómenos psíquicos y a representarlos desde el punto de vista espacial.

El espacio a que se refiere es un espacio virtual, no un espacio real.

Se trata por lo tanto de un espacio hipotético, que de ningún modo podemos ver como una localización (por ejemplo anatómica), es este un punto central que no podemos perder de vista.

Freud mismo compara este espacio virtual (que corresponde a la función psíquica) con ese otro espacio en que se produce la imagen en el microscopio que no coincide con ninguno de los lentes, sino con un espacio intermedio entre los distintos lentes.

Ahora bien, este espacio virtual es un espacio potencial, un espacio que no siendo real puede devenir como tal. Se convierte en real a través de cada una de las acciones específicas que realizamos en el mundo exterior.

Acciones específicas

Entendemos por acciones específicas aquellas que tienden a satisfacer necesidades básicas vitales. Justamente el punto de partida de todo desarrollo psicológico consiste en la posibilidad de satisfacer necesidades (impulsos instintivos), y esto podrá darse justamente a través de las distintas acciones específicas.

Instintos

Los instintos a su vez suponen un incremento de tensión de necesidad dentro del organismo.


Aparato psíquico

Tenemos entonces que estos fenómenos psíquicos están organizados o estructurados en un aparato psíquico, que será por lo tanto la estructura que media entre los instintos y la realidad.

Se distinguen en la obra psicoanalítica dos estructuras u organizaciones, dos modelos de aparato psíquico, que corresponden a lo que corrientemente denominamos la primera y la segunda tópica freudiana, es decir dos teorías del aparato psíquico.

Todo el desarrollo del aparato psíquico consiste, de modo general en la adquisición de huellas mnémicas, que se van organizando de manera particular, tal que nos permitan ir reconociendo y utilizando nuestra experiencia cada vez más compleja, con la finalidad de poder manejar y dominar el mundo exterior, y así poder satisfacer distintos niveles de necesidad, primero los más primitivos, llegando incluso a las necesidades culturales.

Esta organización del aparato psíquico, despliega en forma especial es lo que se llama topografía (topos = lugar, grafía = descripción).

Es el aspecto tópico, topográfico o estructural, si en se tiende a llamar estructural a la segunda teoría sobre el aparato psíquico, aquella que diferencia yo, superyó, y ello. 

Diríamos que son tan tópicas, sistemáticas y estructurales las dos, ya que tanto una como la otra tratan de desplegar en el espacio una estructura, cuyas distintas partes, instancias o sistemas están correlacionados entre sí de una particular manera.

Vemos que el aparato psíquico está dividido en distintos sistemas o instancias, y puesto que se constituye con el objeto de satisfacer necesidades vitales, está sometido al incremento de tensión instintiva, que Freud describe como la exigencia de trabajo que se le impone a dicho aparato psíquico. Por lo tanto esa energía que proviene de la materialidad somática será necesario transformarla en energía psíquica.

Laplanche y Pontalis definen el aparato psíquico como “un término que subraya ciertos caracteres que la teoría freudiana atribuya al psiquismo: su capacidad de transmitir y transformar una energía determinada y su diferenciación en sistemas o instancias”.

A- Organización psíquica

Para lograr una mayor claridad creemos necesario hacer un breve desarrollo respecto de la organización psíquica, a partir de su forma elemental: el deseo, y referirnos después al punto de vista económico y dinámico, antes de continuar con la perspectiva tópica enunciando las dos teorías del aparato.

El deseo

El deseo es la forma elemental a partir de la cual se organiza el aparato psíquico. 

El pasaje de la necesidad biológica al deseo es lo que da cuenta del salto cualitativo dentro del desarrollo de la materialidad orgánica, salto cualitativo que implica un nuevo nivel de organización de la misma: la organización psicológica. El lactante, apenas nacido, siente sus necesidades como incrementos de tensión, una tensión inespecífica, es decir cantidades de excitación que aún no diferencia cualitativamente. Reacciona ante este incremento de tensión con un llano y pataleo que no constituyen un lenguaje, sino que son simples tentativas de descarga de dicha tensión. Sin embargo si la madre lo interpreta como una señal, o forma de lenguaje, por ejemplo que el niño llora y patalea porque tiene hambre, lo alimenta y éste queda satisfecho. A partir de esas primeras experiencias de satisfacción se irá configurando en el niño una estructura asociativa compuesta por los siguientes elementos: La tensión de la necesidad: por ejemplo el hambre. Cada vez que éste vuelva a surgir lo hará acompañada automáticamente por: La percepción del objeto de satisfacción (el pecho) que aparece bajo la forma de alucinación. A la vez, aquellos movimientos reflejos de descarga que acompañaron el momento de la satisfacción.

Estructura asociativa
Está formado básicamente por los tres elementos que constituye el primer deseo, y de modo general el primer hecho psíquico.

En otras palabras es lo que Freud denomina búsqueda de la identidad de percepción.
Cada vez que surja la tensión de necesidad se reactualizará en el bebe una percepción que, bajo la forma de alucinación será idéntica a la percepción producida durante la primera satisfacción de la necesidad.

Dicha percepción (alucinación) otorgará por primera vez cualidad psíquica a aquello que, como tensión de necesidad no era más que mera cantidad. A partir de entonces cada nuevo incremento de tensión de necesidad, se dará bajo la forma de deseo.

Por supuesto que en tanto alucinación, esta identidad de percepción tranquilizar tan sólo momentáneamente al niño con la ilusión de estar experimentando la satisfacción deseada, pero le será insuficiente para calmar ese deseo. Esto exigirá el logro de la identidad real (no mera alucinación), con el objeto de satisfacción original, en otras palabras la necesidad organizada ya como requiere necesariamente una acción específica. Ello implica la modificación de las circunstancias reales que se oponen al logro de dicha satisfacción.



viernes, 25 de septiembre de 2015

Resumen introductorio a la metapsicología freudiana




 La metapsicología freudiana y el aparato psíquico: resumen introductorio


Nos proponemos revisar el contexto histórico y los puntos básicos referentes a la teorización del aparato psíquico según la óptica de Freud. Con este breve texto nos proponemos comenzar a estudiar un tema profundo y fundante para el psicoanálisis.

El aparato psíquico



Contexto histórico e intelectual a la que se adscribe la teoría freudiana del aparato psíquico y sus textos explicativos

En la historia de la psicología existen tres grandes corrientes psicológicas fundacionales representadas por los siguientes pensadores:

1.      La psicología de la conciencia, cuyo principal exponente es W. Wundt,
2.      La psicología de la adaptación, con William James
3.     La psicología del inconsciente con Sigmund Freud como referente fundacional. Se incluye a Freud, junto con Marx y Niezstche como uno de los integrantes de los denominados “maestros de la sospecha”.

Influencia de Freud, Niezstche y Marx:

-          ejercieron una fuerte crítica al racionalismo dominante en el pensamiento
-          fuerte critica a toda la civilización occidental (sobre todo tras la Ilustración); por cuanto ven la razón como una simple justificación de pulsiones más profundas: el materialismo económico (Marx), la voluntad de poder (Nietzsche) o el inconsciente donde se encuentran los deseos, instintos y recuerdos que el sujeto reprime por resultarle inaceptables, fundamentalmente a causa de sus propias valoraciones morales (Freud).

No hay duda de que Freud es uno de los pensadores más influyentes del siglo XIX. Nacido en el seno de una familia judía desafiaría orgulloso el enfoque de su época y cuestionaría las bases de la civilización burguesa.

Concepto de inconsciente

El concepto de inconsciente es el aporte principal de Freud y la base de la teoría psicoanalítica. Si Copérnico retiro al ser humano del centro del universo, y Darwin lo transformó en un animal más, Freud asentó el último y definitivo golpe a su autoestima, postulando que el ser humano no es dueño y señor de su propia casa.

 La metapsicología de Freud.

Dentro de la obra psicoanalítica sabemos que existe una perspectiva denominada metapsicología.

Ahora bien la primera pregunta que nos formularemos será: ¿Qué es la metapsicología? Digamos entonces que es la vertiente especulativa del psicoanálisis. 

Freud crea y emplea este término por primera vez entre los años 1896 y 1898 en su correspondencia con Fliess, estaba referido a la psicología que acababa de fundar y específicamente al más teórico de sus aspectos.

Si usamos una analogía con la metafísica sería aquello que está más allá de la experiencia inmediata.
Se trata de aquel trabajo que el científico desarrolla cuando en un momento dado toma cierta distancia de la experiencia clínica, y comienza a reflexionar sobre esos fenómenos, con el fin de constituir una estructura teórica que le permita tener un marco referencial con respecto a esos fenómenos que, en tanto clínicos, son individuales y particulares.
Cuando decimos “vertiente especulativa” no tomamos el término especulativo como mera especulación, sino como un momento necesario dentro de todo desarrollo científico, momento reflexivo donde la ciencia logra una posibilidad de investigación y abstracción que nos permite acceder a nuevos campos a partir de la experiencia misma.

Sintetizando: La metapsicología es en sí, el aspecto especulativo lo que podríamos llamar reflexión acerca de lo extraído de la clínica. El resultado de esta reflexión es esa estructura hipotética llamada metapsicología.

“….denominamos “metapsicología” a aquella exposición en la que consignamos describir un proceso psíquico conforme a sus relaciones dinámicas, tópicas y económicas”. (Sigmund Freud).

Como vemos, Freud define a la investigación metapsicológica con aquel desarrollo que incluye tres vertientes o perspectivas:
-          tópica
-          dinámica
-          económica.
Además de las dos tópicas que hemos explicado más arriba se mencionan en el texto algunas ideas más: 

Para Freud existen dos principios que rigen la vida mental:

Principio de placer:
Según Freud, el conjunto de la actividad psíquica tiene por finalidad evitar el displacer y procurar el placer. Dado que el displacer va ligado al aumento de las cantidades de excitación, y el placer a la disminución de las mismas, el principio de placer constituye un principio económico. Desde el punto de vista tópico el principio de placer responde esencialmente a las demandas del Ello.

Principio de realidad:
Forma un par con el principio del placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, la búsqueda de la satisfacción ya no se efectúa por los caminos más cortos, sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior.

En correlación a estos dos principios existen dos tipos de procesos mentales:

Proceso primario: 
Un modo de funcionamiento caracterizado, en el plano económico, por el libre flujo de la energía y por el deslizamiento del sentido. El inconsciente es por excelencia el lugar de esos procesos que corresponden a un pensamiento libre, imaginativo, en el que el movimiento de los significantes no sufre el peso de los conceptos, como ocurre en el caso de los sueños.


Proceso secundario: 
Se caracterizan en el plano económico por estar ligados y por un control del flujo energético sometido al principio de realidad. El sistema preconsciente-consciente es el lugar de estos procesos secundarios, que son el verdadero soporte del pensamiento lógico y de la acción controlada