lunes, 20 de julio de 2015

Wundt


Wundt

Es indiscutible que, en 1879, Wundt, -el verdadero padre de la psicología experimental, quería una psicología científica: 

·         Se desenvolvió en medio de una filosofía dualista del tipo más pronunciado. 
·         No pudo discriminar con claridad el camino de la solución del problema mente–cuerpo. 
·         Su psicología, que ha regido soberana hasta nuestros días, es necesariamente de transacción. 
·         Sustituyó el término alma por el de conciencia. 
·         La conciencia no es tan completamente inobservable como el alma; la observamos al atisbarla de improviso y, como quien diría, al sorprendería desprevenida (introspección).

Wundt tuvo enorme cantidad de discípulos, hacia 1890 era corriente estudiar en Leipzig psicología experimental con Wundt. De ahí regresaron los que habrían de fundar los laboratorios de la Universidad de John Hopkins, las Universidades de Pennsylvania, Columbia, Clark y Cornell. Todos venían equipados para luchar con esa cosa esquiva (casi tan esquiva como el alma) llamada conciencia.

Para demostrar lo anticientífico del concepto básico de esta gran escuela de psicología germano–americana, basta fijarse un momento en la definición de psicología que       formuló William James:

“La psicología es la descripción y explicación de los estados de conciencia en cuanto tales”.

Partiendo de una definición que supone lo que pretende demostrar, salva su dificultad con un argumentum ad hominem.
Conciencia; ¡oh sí, todos deben saber lo que es esta “conciencia”.
Somos conscientes cuando experimentamos la sensación de rojo, una percepción, un pensamiento, cuando queremos hacer algo.

Los restantes cultores de la introspección son igualmente ilógicos. 

En otras palabras: no nos dicen qué es la conciencia; simplemente, comienzan por introducir cuestiones en ella en calidad de supuestos, naturalmente, al analizarla luego, encuentran lo que en ella pusieron. De esta suerte, en los análisis de la conciencia realizados por algunos psicólogos, hallamos elementos tales como: sensaciones y sus fantasmas e imágenes. En otros, no sólo encontramos sensaciones, sino también los elementos afectivos; y más aún, elementos tales como la voluntad, designado elemento conativo de la conciencia.

¿Y cómo empezar a trabajar sobre ella? No analizándola como lo haríamos si se tratara de una composición química o del crecimiento de una planta. La cosa que llamamos conciencia únicamente puede examinarse por introspección: una mirada a lo que acontece en nuestro interior.


Como resultado de este postulado principal —de que existe una cosa que llamamos conciencia y que podemos estudiarla por introspección—, encontramos tantos análisis como psicólogos. No existe modo de atacar experimentalmente, resolver los problemas psicológicos y establecer métodos normativos.


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