Wundt
Es indiscutible que, en 1879, Wundt, -el verdadero padre
de la psicología experimental, quería una psicología
científica:
· Se desenvolvió en medio de una
filosofía dualista del tipo más pronunciado.
· No pudo discriminar con claridad el
camino de la solución del problema mente–cuerpo.
· Su psicología, que ha regido soberana
hasta nuestros días, es necesariamente de transacción.
· Sustituyó el término alma por el de
conciencia.
· La conciencia no es
tan completamente inobservable como el alma; la observamos al atisbarla de
improviso y, como quien diría, al sorprendería desprevenida (introspección).
Wundt tuvo enorme cantidad de discípulos, hacia 1890 era
corriente estudiar en Leipzig psicología experimental con Wundt. De ahí
regresaron los que habrían de fundar los laboratorios de la Universidad de John
Hopkins, las Universidades de Pennsylvania, Columbia, Clark y Cornell. Todos
venían equipados para luchar con esa cosa esquiva (casi tan esquiva como el
alma) llamada conciencia.
Para demostrar lo anticientífico del concepto básico de
esta gran escuela de psicología germano–americana, basta fijarse un momento en
la definición de psicología que formuló
William James:
“La psicología es la descripción y explicación de los
estados de conciencia en cuanto tales”.
Partiendo de una definición que supone lo que pretende
demostrar, salva su dificultad con un argumentum ad hominem.
Conciencia; ¡oh sí, todos deben saber lo que es esta
“conciencia”.
Somos conscientes cuando experimentamos la sensación de
rojo, una percepción, un pensamiento, cuando queremos hacer algo.
Los restantes cultores de la introspección son
igualmente ilógicos.
En otras palabras: no nos dicen qué es la
conciencia; simplemente, comienzan por introducir cuestiones en ella en
calidad de supuestos, naturalmente, al analizarla luego, encuentran
lo que en ella pusieron. De esta suerte, en los análisis de la conciencia
realizados por algunos psicólogos, hallamos elementos tales como: sensaciones y
sus fantasmas e imágenes. En otros, no sólo encontramos sensaciones, sino
también los elementos afectivos; y más aún, elementos tales como la voluntad,
designado elemento conativo de la conciencia.
¿Y cómo empezar a trabajar sobre ella? No analizándola como
lo haríamos si se tratara de una composición química o del crecimiento de una
planta. La cosa que llamamos conciencia únicamente puede examinarse por
introspección: una mirada a lo que acontece en nuestro interior.
Como resultado de este postulado principal —de que existe
una cosa que llamamos conciencia y que podemos estudiarla por introspección—,
encontramos tantos análisis como psicólogos. No existe modo de atacar
experimentalmente, resolver los problemas psicológicos y establecer métodos
normativos.
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