miércoles, 18 de mayo de 2016

Salud y enfermedad: definiciones



SALUD Y ENFERMEDAD

Cada cultura en particular, según los distintos momentos históricos por los que haya transcurrido, han definido en forma singular los conceptos de salud y enfermedad.
De esta modo entendemos que, a lo largo de la historia estos conceptos han quedado circunscriptos a los distintos avatares culturales; así el relativismo cultural se impone sobre las concepciones universalistas por o tanto cualquier intento de definición acerca de salud y enfermedad mental deberá abandonar el ideal universal.
El intento de definición de este problema se aleja de las pretensiones de este trabajo solamente a efectos académicos, examinaremos las distintas concepciones a las que se ha llegado a lo largo de la historia y nos detendremos sobre aquellas que dominan en nuestros días el pensamiento humano sobre dicha problemática. Desde la fase animista hasta la científica, pasando por la religiosa, en la evolución de las ideas del hombre acerca del mundo, éste ha intentado definir y redefinir a la locura, en la búsqueda de otorgarle sentido, de desentrañar ese verdadero enigma que constituyó el “loco”, por lo menos para occidente.
Para desarrollar este devenir histórico acerca de las representaciones que el hombre de occidente fue adquiriendo de la enfermedad mental, nos apoyaremos sobre los desarrollos que Michael Foucault realiza en su texto “Historia de la locura en la época clásica”. Allí nos dice que la locura se constituye en la heredera casi directa de la lepra, casi directa decimos, dado que quienes ocuparon en un primer momento ese “lugar” dejado por la lepra en su retirada como flagelo principal fueron los enfermos venéreos.
¿Pero cuál era ese “lugar” abandonado por la lepra a fines de la Edad Media? Foucault dice: “La lepra abandonado lugares y ritos que no estaban destinados a suprimirla, sino mantenerla a una distancia sagrada, a fijarla en una exaltación inversa. Lo que más tiempo que la lepra, y que se mantendrá en una época en la cual desde muchos años atrás, los leprosarios están vacíos, son los valores y las imágenes que se habían unido al personaje del leproso; permanecerá el sentido de su exclusión, la importancia en el grupo social de esta figura insistente y temible, a cual no se puede apartar sin haber trazado antes alrededor de ella un circulo sagrado”.
Este lugar de horror e insistencia, de separación y reintegración espiritual, circundado por lo sagrado y lo impuro, será ocupado por el “loco” y el fenómeno de la locura, al que el discurso médico tardará un buen tiempo en capturar.
La locura, entonces, antes de comenzar a ser dominada a mediados del siglo XVII, se expresa en distintas manifestaciones del Renacimiento haciendo revivir esos antiguos ritos de separación exclusión y purificación.
Así, en la literatura, el arte y las distintas expresiones renacentistas observamos a la locura aunada a ellos. Al decir de Foucault, la nave de los locos la Narrenschiff (única de existencia real) constituye la más sencilla y simbolica de las figuras del pasaje imaginario del renacimiento. Estas constituían verdaderas embarcaciones de insensatos que estaban destinadas a merodear de ciudad en ciudad sin punto de llegada ni regreso, haciendo de su partida su regreso a un mundo de exclusión y separación.
De este modo dice Foucault: “…La partida de los locos era uno de los tantos exilios rituales”. En este rito se encuentra uno de los orígenes de la ligadura existente entre el agua y el “loco”, rito de purificación que se extiende a nuestros días haciendo cuerpo en los piletones y manguerazos, en duchas, etc., en las producciones obsesivas.
Así como en la nave de los locos podríamos detenernos sobre otras manifestaciones renacentistas como las imágenes producidas por el Bosco en “El jardín de las delicias” y otras, o el “Dulle Grete” de Brueghel”, o en las manifestaciones literarias como los poemas de Brant o el “Elogio de la locura” de Erasmo, aunque en rigor deberíamos separar estas producciones dado que mientras la pintura recreaba en el silencia de la imágenes la violencia de la locura y todas sus producciones, Brant y Erasmo encerraban el fenómeno en el universo del discurso.
A fines del siglo XVI  y comienzos del XVII, se registran cambios importantes en las producciones culturales que terminarán asfixiando la violencia con que la locura venía  manifestándose; estos cambios son caracterizados por Foucault de este modo: “Nace la experiencia clásica de la locura. La gran amenaza que aparece en el horizonte del siglo XV se atenúa; los poderes inquietantes que habitan en la pintura de Bosco han perdido su violencia.
“Subsisten formas, ahora transparente y dóciles, integrando un cortejo, el inevitable cortejo de la razón. La locura ha dejado de ser en los confines del mundo, del hombre y de la muerte, una figura escatológica; se ha disipado la noche, en la cual nacían las formas de lo imposible. El olvido cae sobre ese mundo que surcaba la libre esclavitud de su nave: Ya no irá de un más acá del mundo a un más allá, en su tránsito extraño; no será ya nunca ese límite absoluto y fugitivo. Ahora ha atracado entre las cosas y la gente. Retenida y mantenida, ya no es barco sino hospital”.
La imagen primitiva de la locura se enfría y su voz se acalla en la época clásica, comienza el “Gran encierro”, donde los locos son encerrados enterrados en vida, para gritar allí lo que gritarían los muertos si pudiesen.
Este “extraño golpe de fuerza” dado por el racionalismo hace de la locura un “error”, este golpe es ejecutado por Descartes y el escenario de ejecución es el amanecer del mundo burgués (pasaje al orden urbano, salida del orden rural).
La certeza cartesiana hace desaparecer el riesgo (por lo menos de la superficie) que implicaba la locura “si yo pienso no puedo estar loco”, el “loco” es un mal ejemplo.
En el siglo XVII se construyen varios internados y allí la locura quedará confinada, su tierra será el internado y los locos que allí habiten constituirán verdaderos pueblos.
Foucault relata que el funcionamiento, el objeto de dichos internados, nada tenía que ver con el discurso médico, su estructura era semijuridica que, desprendida de los poderes del Estado, impartía su propia justicia.
Estos internados eran construidos para albergar a la miseria y castigar la vagancia, así la locura queda ligada a la pobreza y sufre las vicisitudes de ésta a lo largo de los distintos momentos históricos y sus contradicciones.
La miseria que gozaba antes de clasicismo de cierta positividad mística queda articulado dentro de la dialéctica del orden y el desorden, dice Foucault: “…de una experiencia religiosa que santifica a una concepción moral que la castigue”.
La pobreza queda afuera de ser la posibilidad del buen cristiano de conseguir su salvación por la caridad, la internación será donde los buenos miserables, sumisos, acepten y encuentren en ella su descanso, en contraposición a los malos que rechazan el internado, rechazando así el “orden propuesto”.
El internado, entonces, era objeto de valoración ética y no de conocimiento o piedad. La ética, la moral, constituyen el sostén ideológico que determinará la internación de un individuo.
Así, la locura despojada de la violencia y riqueza del Renacimiento queda ligada a la pobreza y a la holgazanería, confinada a las paredes de los hospitales. Hospitales que tenían la función de eliminar a los asociales. A aquellos miembros heterogéneos, nocivos, aquellos, dice Foucault: “…que no sin vacilaciones ni peligros, nosotros distribuimos entre las prisiones las casas correccionales, los hospitales psiquiátricos o los gabinetes de los psicoanalistas”.
Foucault resume la experiencia de la locura en época clásica diciendo: “…El confinamiento es una creación institucional propia del siglo XVII. Ha tomado desde un principio tal amplitud, que no posee ninguna dimensión en común con el encarcelamiento tal y como podía practicarse en la Edad Media. Como medida económica y precaución social, es un invento. Pero en la historia de la sinrazón, señala un acontecimiento decisivo: El momento en que la locura es percibida en el horizonte social de la pobreza, de imposibilidad de integrarse al grupo; el momento que comienza a asimilarse a los problemas de la ciudad.
Las nuevas significaciones que se atribuyen a la pobreza, la importancia dada a la obligación de trabajar y todos los valores éticos que le son agregados, determinan la experiencia que se tiene de la locura, y la forma como se ha modificado su antiguo significado”.
Existían, por lo tanto, para la época clásica, dos pecados fundamentales que eran pagados con la internación, el cometido contra la carne y la razón; de este modo las enfermedades venéreas cohabitarán con los locos, su mundo quedando del bando de los alienados en la ordenación producida durante el siglo XVIII, un siglo antes que la medicina a través del discurso de la psiquiatría se hiciera cargo de ellos.
Hemos desarrollado de este modo el imaginario del hombre de occidente en relación a la locura hasta el siglo XIX, donde comienza la adscripción de este flagelo al discurso de la psiquiatría impregnada por entonces por el iluminismo de la ciencia, el filosófico y el utilitarismo en la ética. Decíamos haber desarrollado la historia de las ideas acerca de la locura en el hombre de occidente pero, estrictamente, del hombre europeo, en América el estado de las cosas era parecido. José Ingenieros relata los encierros de “locos” en los sótanos del Cabildo, siempre que éste fuese de raza blanca o sino la hoguera era el destino de la locura. Ante de la creación del Hospicio de las Mercedes, hecho que se produce a fines del siglo XIX, y por lo tanto del advenimiento del desarrollo científico europeo, modelo que no puede olvidarse, el discurso religioso impregnado de discurso religioso impregnado de maniqueísmo dominaba la explicación sobre la locura, sosteniendo su origen demoníaco.
A partir del siglo XIX se desarrollarán distintas disciplinas que intentarán dar cuenta del fenómeno de la locura. Podríamos entonces sintetizar todas las concepciones acerca de dicho fenómenos en tres, la concepción órgano genética, la sociogenética y la psicogenética.
Otro modo de ingresa a este problema de salud y enfermedad mental es a partir de las distintas conceptualizaciones que hacen de estos temas diferentes disciplinas científicas.
Si bien nombraremos las principales ramas de la investigación científica que pretende dar cuenta de este fenómeno de la enfermedad mental, debemos dejar por sentado que es un esbozo, un recorte, que realizamos de aquellas principales disciplinas.
Y otra aclaración es que el estado de “pureza” con que hablan de la etiología y sus haces causales sólo lo vamos a encontrar en la formulación teórica. De hecho, estos distintos enfoques interdisciplinarios, correlaciones, analogías, etc., ya sea a manos de equipos de investigación o de personas en singular.
A continuación desarrollaremos algunas de las teorías circunscriptas dentro de esta clasificación:

ESCUELAS SOCIOGENETICAS
Dentro de estas escuelas vamos a incluir una serie de puntos de vistas que no sólo se refieren a la teoría causal de la enfermedad mental, sino también a los diferentes aportes que han ido sucediéndose en los últimos años, derivados ya en tanto del discurso de la antropología, de la sociología de la teoría de la comunicación, etc. Centraremos esta exposición fundamentalmente sobre los llamados de atención que éstas han realizado sobre consideraciones que distintas teorías han efectuado de la enfermedad mental.
Inicialmente mencionaremos estas observaciones que han sostenido las diferentes escuelas sociales acerca de los criterios de salud mental. Diremos que existiría una dificultad por el momento casi insuperable; la de hallar una formulación que determine con exactitud el significado de la salud mental, sea tanto por la implicación en la idea de adaptación o conformismo, como en la explicación de contenidos altamente ideológicos.
Las distintas acepciones propuestas representan generalmente concepciones del hombre y de sociedad, cargadas de la particular visión de quien las formule, endocentrismo, universalismo, ideologismo, son las distintas variables que comúnmente invalidan tales criterios, no aceptándose en la casi totalidad de los casos la relatividad histórica y social de cualquier definición sobre el tema.
En tanto el hombre actúe y evolucione en un marco social, toda definición de salud y enfermedad mental deberá referirse a dicho marco social en su momento histórico determinado, lo contrario implicaría una valoración estática del hombre convirtiéndose este mismo movimiento en una ideología.
Producto del desarrollo obtenido por las escuelas anteriormente mencionadas, las distintas teorías y prácticas que rodean a la enfermedad mental han ido aceptando la necesidad de la inclusión social, aunque gran parte de ellas lo reducen al ámbito de familia  de instituciones más o menos parciales.
Así, del cuerpo teórico del psicoanálisis se desprenderá una corriente a la que se le ha denominado culturalista, que encuentra en Karen Horney, Eric Fromm y Sullivan a sus mayores representantes.
Desarrollos posteriores han intentado también correlacionar al psicoanálisis con el marxismo. Desde otra posición, pero relacionado con la corriente sociogenética, podríamos citar a G. Berliguer, quien sostiene: “El papel del ambiente… es puesto cada vez más en evidencia como mecanismo que transforma un estado potencial de enfermedad en un proceso morboso, el que resulta luego evidenciado y agravado por la conducta social y la segregación institucional” (concepto éste desarrollado en su historicidad más arriba).
Todas estas escuelas, entonces, conciben la patología mental como el producto de una acción de moldeo, con una acción eficaz que ejerce la sociedad sobre el individuo, efecto que se mostrará ya sea tanto en el conflicto, en la ambigüedad o en la contradicción.
Así, esta eficacia se mostrará desde lo social a partir  de los diferentes instrumentos por los cuales la sociedad ejerce su presión ya sean instituciones, normas, valores, o por medio de su principal representante, la familia.
De este modo las escuelas culturalistas verán la patología como una reacción psicógena con el medio social, aparecerán entonces como fallas, fracasos en la adaptación o como dificultades en la mantención de las actitudes de existencia. Así, la enfermedad mental será el resultado de la acción de la realidad que condiciona al individuo. Este condicionamiento tendrá que ver con el particular modelo, con el efecto constructivo de la personalidad, que será definida por la mayoría de estos autores como el lugar de impresión, el lugar de contacto de lo social con el individuo.
Las conceptualizaciones de sano y enfermo tendrán, entonces para estos autores, deslizamientos arbitrarios, dado que en definitiva la sociedad segregará hoy como en épocas pretéritas aquellos sujetos que no funcionen de acuerdo a sus criterios normativos según los intereses de esa sociedad, arrojando así en las marginalidades a estos individuos que serán emblematizados con los propios emblemas de la locura.
Más allá de las polémicas que estos desarrollos teóricos pueden suscitar, es evidente el mérito que recogen al haber descripto la individualidad del hombre a su contexto social e histórico que lo constituye. Así, podemos citar un autor como Igor Caruso que intenta replantear la concepción psicoanalítica en relación con lo social. Caruso intentará, pariendo de algunas formulaciones básicas, freudianas, realizar un modelo inverso al psicoanalítico, éste para Caruso, el psicoanálisis es la crítica de las motivaciones individuales de un proceso histórico-social. De esta manera cambia las perspectivas de las categorías freudianas, los famosos mecanismos de defensa planteados por Freud o sistematizados dentro de la concepción freudiana, serán para Caruso de hecho sociales, mecanismos de intercambio entre el hombre y el mundo, es así que el psicoanálisis será social en tanto comprenda que analiza intercambios sociales y es influido por ellos.
Caruso dira: “El esquema congénito especifico de la conducta humana consiste paradójicamente en que el hombre (para sí mismo y para sus semejantes) no es nunca accesible en un estado natural sino en estado cultural, social. La naturaleza del hombre lleva el distintivo de ser innatural, porque la naturaleza no es de ninguna manera el mundo natural del hombre; él no lo alcanza si no es a través de la cultura que entiende; no la entiende más que por medio de instrumentos específicos humanos para sus objetivos (reflexión y técnica)”.
El riesgo que corren aquellos que sostienen los distintos discursos teóricos que hemos enrolado dentro de las concepciones socio-genéticas es el de caer en la ceguera del llamado sociológico o sea, adscribir en exclusividad valor etiológico de la enfermedad mental a las variables sociales, excluyendo peligrosamente a propuestas e investigaciones desprendidas de otros discursos como el de la medicina, la psicología, etc. Damiani dirá al respecto: “…el sociologismo invierte los términos por completo; partiendo de la válida ctitud de comprender l hombre como producto social así como las determinaciones del funcionamiento de éste; su reacción contra el psicologismo lo lleva  desvalorizar, o inclusive  negar todos los aspectos psicológicos individuales, o bien los reduce a categorías esquemáticas inconducentes. Decir, por ejemplo, que las problemáticas individuales son la expresión de la lucha de clases que funcionan de manera ideológica (a través de las contradicciones de clase) puede ser cierto y en gran medida lo es; pero no puede olvidarse la mediación que la clase utiliza para operar sobre los individuos y que actúan de distintas maneras en cada uno de ellos, tales como su familia particular los componentes temperamentales. Igualmente es falta la actitud ante las terapias psicológicas, ya que si bien es cierto que no es posible una absoluta salud mental sin modificación previa de las estructuras sociales alienantes, también lo que es no toda terapia psicológica tiene que ser forzosamente adaptativa al sistema y que puede producir beneficios parciales… respecto al sociologismo, repitamos los términos de Sartre cuando afirma que, si bien el psicoanálisis ve al hombre como si siempre fuera un niño, cierto marxismo lo tiene en cuenta sólo cuando gana su primer salario y olvidó que alguna vez fue un niño.
Así podríamos citar también a Pichon Riviere quien sostiene: “En nuestra cultura el hombre sufre la fragmentación y la dispersión del objeto de su tarea, creándole entonces una situación de privación y anomia que le hace imposible mantener un vínculo con dicho objeto con el que guarda una relación fragmentada, transitoria y alienada al factor de inseguridad frente a su tarea, se agrega la incertidumbre ante los cambios políticos, sentimientos ambos que repercuten en el contexto familiar, donde la privación tiende a globalizarse. El sujeto se ve impotente en el manejo de su rol, esto crea un umbral bajo de tolerancia hacia las frustraciones, en relación a su nivel de aspiraciones. La vivencia del fracaso inicia el proceso de enfermedad configurando una estructura depresiva. La alienación del vínculo con sus tareas se desplaza a vínculos con objetos internos.
Desde un discurso similar Bleger relacionará el proceso de alienación, que el hombre sufre determinados efectos entre los que mencionará el aislamiento, la dificultad en la comunicación interpersonal, la reducción de sus potencialidades, etc.
Con esta descripción no agotamos todas las expresiones que pueden ser integradas al sociogenetismo en la comprensión de la enfermedad mental. Por ejemplo la antipsiquiatría concebirá la locura como un trastorno relacional, producto del desajuste de una familia esquizofrenógena. Cooper dira: “La esquizofrenia consiste en una situación de crisis microsocial en la cual los actos y la experiencia de ciertas persona son inválidos por otras, en virtudes de razones culturales y microculturales (por lo general familiares), inteligibles, hasta el punto de que aquella es elegida e identificada de algún modo como enfermo mental, y su identidad de paciente esquizofrénico es luego confirmada (por un proceso de rotulación estipulado, pero altamente arbitrario) por agentes médicos o cuasi médicos”. Este desarrollo de Cooper al igual que las ideas de Laing entran dentro de las características que enunciábamos con anterioridad; estos autores pondrán el acento sobre las dificultades que encontrara en su devenir dialectico el humano para desarrollar su proyecto que configura el recorte que cada uno es en el mundo.
Otro representante de esta corriente de pensamiento sería Person, quien desarrollará las ideas de que toda sociedad necesita de sus locos que sirven de reaseguro social cuando explica la finalidad homeostática de los mecanismos de control social.
Decíamos que no agotamos de ninguna manera todas las expresiones que se han manifestado sobre el tema de salud y enfermedad desde los discursos comprendidos dentro de la corriente sociogenética, nuestra intención fue describir a grandes rasgos los pilares fundamentales, del saber, de estas formulaciones y explicitar (en recorte) algunas de ellas.


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