El pensamiento en el Medioevo. Su contexto histórico y cultural
El cristianismo y la
historia de las ideas
San Agustín (354-430)
Aurelio Agustín,
nació en Tagaste (norte de África) de padre pagano, de nombre Patricio, hombre
temperamental y violento que se bautizó antes de morir; y de madre cristiana de
nombre Mónica, mujer de gran virtud, fue canonizada.
Agustín, muy
joven fue padre de un niño Adeodato.
Enseñó gramática
en su ciudad natal y luego retórica en Cartago.
Preocupado por
el problema del mal, adhirió al maniqueísmo.
Alrededor de los
28 años se apartó de esta creencia y cayó en el más profundo escepticismo (…). Se
entregó a la lectura de los neoplatónicos (…) se convence de la superioridad de
cristianismo y se convierte en el año 387.
Tras perder a su
madre, vuelve a África y es ordenado sacerdote en Hipona donde años después es
consagrado Obispo en 395.
Obra
La obra
agustiniana es muy amplia y se conserva casi en su totalidad:
-
De
beata vita (386),
-
Soliloquia
(386),
-
Del
libero arbitrio (395)
-
Confesiones
(400)
-
De
civitate dei
La verdad y el
conocimiento
Agustín halla en los neoplatónicos un
verdadero apoyo y el punto de partida para transitar el camino de la verdad
ante todo escepticismo (…)
San Agustín,
pues, parte de dos datos de la conciencia como verdades de las que no se pueden
dudar. Pero no solo logramos así la evidencia de nuestra existencia sino que en
nuestro espíritu hallamos razones (primeros principios, estructuras mentales)
las ideas eternas e inmutables y también las proposiciones matemáticas que
conocemos con plena certidumbre y que no pueden proceder de nuestra mente
finita sino de Dios, no se trata en rigor de una luz sobrenatural ni especial
sino habitual y común a todos los hombres.
Es entonces en
nuestro yo y no fuera donde hay que buscar la verdad (…)
El problema de la
verdad fue preocupación fundamental de San Agustín y está presente a lo largo
de toda su obra.
La respuesta es
precisa: la verdad se busca y se halla en nosotros mismos en nuestra
interioridad.
Dios
Solo Dios según vemos
puede explicar la existencia de esas verdades en el espíritu humano.
La inmutabilidad
de los primeros principios, de las estructuras lógicas, de las ideas
universales y de las proposiciones matemáticas solo es posible por la
existencia fuera de nosotros de un ser eterno inmutable y perfectísimo del que
derivan todas esas verdades. Pensar la verdad, no necesariamente en sentido ontologista.
A esta prueba
fundamental, Agustín añade argumentos referidos al orden del universo, a la
contingencia del mundo y a exigencias de orden moral (…)
La teoría de las
ideas de Platón que ya vemos incidir en el pensamiento de San Agustín en lo que
se refiere al conocimiento es aceptada y transferida (…) al logos, es decir a
la inteligencia divina como ideas-arquetipos eternos de las cosas.
Agustín desarrolló
también la idea de creación ex - nihilo en un acto libre y amoroso de Dios (…)
El mundo y la creación
Dios creó de la
nada y, por tanto, creó todo lo existente, inclusive la materia, que deja así
esa suerte de anti-Dios o no – ser, residencia del mal que con matices había sostenido
la tradición platónica.
Claro que la materia
es una realidad de grado inferior pero como fruto del acto creador de Dios,
acto de amor, es también algo bueno.
No existe
materia sin forma y en esto Agustín reitera a Aristóteles.
El hombre
En la creación antropológica
también está muy presente la concepción platónica. El hombre es
fundamentalmente alma, mientras que el cuerpo es algo que el alma posee para
uso y beneficio. El ama es una sustancia inmaterial e inmortal ya que está
indisolublemente ligada a la verdad eterna según en el tema del conocimiento.
La ética
Para Agustín el
Bien Supremo e insustituible del hombre es la posesión de Dios porque Dios es
el bien y el mal no es otra cosa que apartarse de Él.
Es un enérgico
defensor del libre albedrio “esto es la libre determinación de la voluntad
humana en la vida activa”, aunque estima que el bien solo se logra con el
auxilio de la Gracia.
El acto bueno,
realizado con ayuda de la Gracia es “un acto de amor”. “Ama y haz lo que
quieras” (caridad cristiana = amor)
La Filosofía de la
historia
Hay una “insoslayable
importancia de San Agustín en el proceso de construcción de esta disciplina.
“La ciudad de
Dios” según San Agustín la historia es esencialmente hablando, una lucha
constante entre dos ciudades: la ciudad terrena y la ciudad celeste o de Dios,
verdadera dialéctica que acciona el proceso humano.
El enfrentamiento
se prolongará hasta el fin de los tiempos y el tiempo definitivo de la
Jerusalén celeste. La historia ingresa así en la metahistoria, el tiempo histórico
es lineal irreversible, contra toda concepción cíclica o eterno retorno y
también contra todo fatalismo como querían los orientales o insinuaban algunos
griegos.
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