jueves, 21 de diciembre de 2017

El pensamiento en el Medioevo. El pensamiento cristiano : San Agustín (354-430)



El pensamiento en el Medioevo. Su contexto histórico y cultural
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El cristianismo y la historia de las ideas



San Agustín (354-430)
Aurelio Agustín, nació en Tagaste (norte de África) de padre pagano, de nombre Patricio, hombre temperamental y violento que se bautizó antes de morir; y de madre cristiana de nombre Mónica, mujer de gran virtud, fue canonizada.
Agustín, muy joven fue padre de un niño Adeodato.
Enseñó gramática en su ciudad natal y luego retórica en Cartago.
Preocupado por el problema del mal, adhirió al maniqueísmo.
Alrededor de los 28 años se apartó de esta creencia y cayó en el más profundo escepticismo (…). Se entregó a la lectura de los neoplatónicos (…) se convence de la superioridad de cristianismo y se convierte en el año 387.
Tras perder a su madre, vuelve a África y es ordenado sacerdote en Hipona donde años después es consagrado Obispo en 395.
Obra
La obra agustiniana es muy amplia y se conserva casi en su totalidad:
-        De beata vita (386),
-        Soliloquia (386),
-        Del libero arbitrio (395)
-        Confesiones (400)
-        De civitate dei

La verdad y el conocimiento
 Agustín halla en los neoplatónicos un verdadero apoyo y el punto de partida para transitar el camino de la verdad ante todo escepticismo (…)
San Agustín, pues, parte de dos datos de la conciencia como verdades de las que no se pueden dudar. Pero no solo logramos así la evidencia de nuestra existencia sino que en nuestro espíritu hallamos razones (primeros principios, estructuras mentales) las ideas eternas e inmutables y también las proposiciones matemáticas que conocemos con plena certidumbre y que no pueden proceder de nuestra mente finita sino de Dios, no se trata en rigor de una luz sobrenatural ni especial sino habitual y común a todos los hombres.
Es entonces en nuestro yo y no fuera donde hay que buscar la verdad (…)
El problema de la verdad fue preocupación fundamental de San Agustín y está presente a lo largo de toda su obra.
La respuesta es precisa: la verdad se busca y se halla en nosotros mismos en nuestra interioridad.
Dios
Solo Dios según vemos puede explicar la existencia de esas verdades en el espíritu humano.
La inmutabilidad de los primeros principios, de las estructuras lógicas, de las ideas universales y de las proposiciones matemáticas solo es posible por la existencia fuera de nosotros de un ser eterno inmutable y perfectísimo del que derivan todas esas verdades. Pensar la verdad, no necesariamente en sentido ontologista.  
A esta prueba fundamental, Agustín añade argumentos referidos al orden del universo, a la contingencia del mundo y a exigencias de orden moral (…)
La teoría de las ideas de Platón que ya vemos incidir en el pensamiento de San Agustín en lo que se refiere al conocimiento es aceptada y transferida (…) al logos, es decir a la inteligencia divina como ideas-arquetipos eternos de las cosas.
Agustín desarrolló también la idea de creación ex - nihilo en un acto libre y amoroso de Dios (…)
El mundo y la creación
Dios creó de la nada y, por tanto, creó todo lo existente, inclusive la materia, que deja así esa suerte de anti-Dios o no – ser, residencia del mal que con matices había sostenido la tradición platónica.
Claro que la materia es una realidad de grado inferior pero como fruto del acto creador de Dios, acto de amor, es también algo bueno.
No existe materia sin forma y en esto Agustín reitera a Aristóteles.
El hombre
En la creación antropológica también está muy presente la concepción platónica. El hombre es fundamentalmente alma, mientras que el cuerpo es algo que el alma posee para uso y beneficio. El ama es una sustancia inmaterial e inmortal ya que está indisolublemente ligada a la verdad eterna según en el tema del conocimiento.
La ética
Para Agustín el Bien Supremo e insustituible del hombre es la posesión de Dios porque Dios es el bien y el mal no es otra cosa que apartarse de Él.
Es un enérgico defensor del libre albedrio “esto es la libre determinación de la voluntad humana en la vida activa”, aunque estima que el bien solo se logra con el auxilio de la Gracia.
El acto bueno, realizado con ayuda de la Gracia es “un acto de amor”. “Ama y haz lo que quieras” (caridad cristiana = amor)
La Filosofía de la historia
Hay una “insoslayable importancia de San Agustín en el proceso de construcción de esta disciplina.
“La ciudad de Dios” según San Agustín la historia es esencialmente hablando, una lucha constante entre dos ciudades: la ciudad terrena y la ciudad celeste o de Dios, verdadera dialéctica que acciona el proceso humano.

El enfrentamiento se prolongará hasta el fin de los tiempos y el tiempo definitivo de la Jerusalén celeste. La historia ingresa así en la metahistoria, el tiempo histórico es lineal irreversible, contra toda concepción cíclica o eterno retorno y también contra todo fatalismo como querían los orientales o insinuaban algunos griegos.

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