viernes, 20 de febrero de 2015

Condutismo: estímulo y respuesta




Definición del Conductismo

El conductismo es, pues, una ciencia natural que se arroga todo el campo de las adaptaciones humanas.

Su compañera más cercana es la fisiología. En efecto, podríamos llegar a preguntarnos si es posible diferenciar el conductismo de esa ciencia. En verdad, el conductismo, sólo difiere de la fisiología en el ordenamiento de sus problemas; no en sus principios fundamentales ni en su punto de vista central.

La fisiología se interesa especialmente en el funcionamiento de las partes del animal; por ejemplo, el sistema digestivo, circulatorio, nervioso, los sistemas secretorios, la mecánica de las reacciones nerviosas y musculares. En cambio, aunque muy interesado en el funcionamiento de dichas partes, al conductismo le importa intrínsecamente lo que el animal —como un todo— hace desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana.

Interés del conductista en las acciones humanas:

El interés del conductista en las acciones humanas significa algo más que el del mero espectador:
·       Desea controlar las reacciones del hombre, del mismo modo como en la física los hombres de ciencia desean examinar y manejar otros fenómenos naturales.
·       Corresponde a la psicología conductista poder anticipar y fiscalizar la actividad humana.
·       A fin de conseguirlo, debe reunir datos científicos mediante procedimientos experimentales. 
·       Sólo entonces al conductista experto le será posible inferir, dados los estímulos, cuál será la reacción; o, dada la reacción, cuál ha sido la situación o estímulo que la ha provocado.

Examinaremos por un momento más de cerca estos dos términos: estímulo y respuesta.

¿Qué es un estímulo?

Ejemplos: Si, de improviso, dirijo al ojo una luz intensa, la pupila se contraerá rápidamente. Si, de improviso, apagara toda la iluminación de un cuarto en el que se encuentra una persona, sus pupilas comenzarían a dilatarse.
Si, de improviso, aumentara en forma sensible la temperatura de un ambiente, quienes se encontraran en él empezarían a desabrocharse el saco y a transpirar. Si, de improviso, la hiciera bajar de súbito, provocaría una reacción diferente.
Además, en nuestro interior tenemos un campo igualmente vasto en el que los estímulos pueden ejercer su efecto. Por ejemplo, momentos antes de comer, los músculos del estómago principian a contraerse y a dilatarse rítmicamente por la carencia de alimento. Los músculos de nuestros brazos, piernas y busto no sólo están sujetos a los estímulos procedentes de la sangre; asimismo son estimulados por sus propias reacciones, o sea, el músculo se encuentra en estado de constante tensión; cualquier aumento de ésta, verbigracia, al realizarse un movimiento, despierta un estímulo y motiva otra reacción en ese músculo o en otro ubicado en alguna parte distante del cuerpo; cualquier disminución de dicha tensión, como cuando el músculo se relaja, constituye análogamente un estímulo. 

Estímulo:

Comprobamos, que el organismo se halla de continuo sometido a la acción de los estímulos —que llegan por la vista, el oído, la nariz y la boca— los denominados objetos de nuestro medio; al mismo tiempo, también el interior de nuestro cuerpo se halla en cada instante sometido a la acción de estímulos nacidos de los cambios en los tejidos mismos.
A través del proceso de la evolución los seres humanos han desarrollado órganos sensoriales —áreas especializadas como los ojos, orejas, nariz, lengua, epidermis y conductos semicirculares en la que determinados tipos de estímulos son sumamente efectivos. A éstos hay que agregar todo el sistema muscular, los músculos estriados (por ejemplo, los largos músculos rojos de los brazos, piernas y busto), y lisos (por ejemplo, los que participan en la estructura hueca, semejante a un tubo, del estómago, intestinos y vasos sanguíneos). Los músculos no son, pues, órganos de reacción únicamente, sino también sensoriales. Luego veremos que los dos últimos sistemas ejercen enorme influencia en la conducta humana. Muchas de nuestras reacciones más íntimas y personales se deben a los estímulos creados por cambios en el tejido de nuestros músculos estriados y vísceras.

La multiplicación permanente de los estímulos y la influencia del aprendizaje

Este uno de los problemas del conductismo, y que se denomina “la multiplicación continua de los estímulos”, a los cuales responde el individuo.

Esta cuestión es compleja y, a primera vista, podríamos sentirnos tentados a dudar de lo aseverado más arriba: que es posible prever la reacción.
Si se vigila el crecimiento y el desarrollo del ser humano, se observará que si bien gran cantidad de estímulos provocan reacciones en el recién nacido, muchos otros no despiertan ninguna. Sea como fuere, no determinan una reacción igual a la que promueven más tarde.

En otras personas, antes que ciertos estímulos puedan ejercer su influencia es indispensable que se forme un hábito.

El término que de ordinario empleamos para describir este procedimiento es “condicionamiento” (conditioning).

Es el condicionamiento, desde la más tierna infancia, lo que dificulta tanto al conductista poder anticipar cuál será una determinada reacción.

El estudio del conductismo nunca facultará a sus cultores para denunciar la existencia de tal estado de cosas con sólo mirar a una persona. No obstante, si el conductista advierte esta reacción, es muy fácil para él señalar aproximadamente qué situación de la primera infancia del sujeto pudo provocar ese tipo de reacción poco frecuente en el adulto. A pesar de lo arduo que resulta predecir en sus detalles cuáles serán las reacciones, insistimos, en general, en la teoría de que nos es dado anunciar con antelación qué hará nuestro vecino. Es la única base sobre la cual nos es posible alternar con el prójimo.

¿Qué entiende el Conductismo por respuesta?

Hemos puesto ya de relieve que, desde el nacimiento hasta la muerte, el organismo es atacado por estímulos en su parte exterior y por estímulos, engendrados en el cuerpo mismo.
Responde. Se mueve.

La respuesta puede ser tan leve que únicamente sea susceptible de observarla mediante instrumentos. Podrá limitarse a un mero cambio en la respiración, o a un aumento o disminución de la presión arterial. Acaso no suscite más que un movimiento del ojo. Empero, las reacciones más comúnmente observadas son los movimientos de todo el cuerpo, de los brazos, piernas, tronco o combinaciones de todas las partes movibles.

Por lo regular, aunque no siempre, la respuesta del organismo al estímulo trae aparejada una adaptación.

Adaptación:

Por adaptación entendemos que el organismo, al moverse, altera su estado fisiológico de tal manera que el estímulo no provoca ya reacciones.
Este concepto acaso parezca un tanto complicado, pero algunos ejemplos lo aclaran. En la persona hambrienta las contracciones del estómago la estimulan a andar incesantemente de un lado a otro. Si mientras se mueve sin descanso, divisa manzanas en un árbol, y empieza a comerlas, cuando está harta, las contracciones cesarán, y aunque a su alrededor cuelguen otras manzanas no las tomará.

Intereses del conductismo:

ü  A menudo se ha criticado al conductista el énfasis que pone en la respuesta.
ü  Algunos psicólogos creen que el conductista está exclusivamente interesado en registrar íntimas respuestas musculares. Nada más erróneo.
ü  Al conductista le importa principalmente la conducta del hombre como un todo.
ü  Lo vigila de la mañana a la noche en el desempeño de sus tareas diarias.
ü  La contestación que importa al conductista se sintetiza en la sensata solución a este problema: ¿qué está haciendo y por qué lo está haciendo?
ü  El programa del conductista no un mero fisiólogo del músculo.
ü  El conductista afirma que todo estímulo efectivo tiene su respuesta, y que ella es inmediata. 
ü  Por estímulo efectivo entendemos el estímulo suficientemente fuerte para vencer la normal resistencia al pase del impulso sensorial desde los órganos de los sentidos a los músculos.
ü  Es preciso no confundirse por lo que suelen decir el psicólogo y el psicoanalista. Si leemos sus exposiciones, cabría suponer que el estímulo puede aplicarse hoy y provocar su efecto tal vez mañana, o quizá en los próximos meses o años. El conductista no cree en estas concepciones mitológicas.

Clasificación general de la respuesta


A.   Respuestas externas o explícitas:

Son los actos ordinarios del ser humano: inclinarse para alzar una pelota, escribir una carta, etc. Para efectuar estas observaciones no necesitamos instrumentos. Las respuestas pueden hallarse completamente confinadas en los sistemas musculares y glandulares del interior del cuerpo. Supongamos un niño o una persona mayor con hambre que se encuentra de pie, inmóvil delante de una vidriera repleta de confituras. La primera observación de quien lo mire, podrá ser; “¡No hace nada”” o “simplemente mira las confituras”. Un instrumento demostraría que sus glándulas salivales segregan, que su estómago se contrae y dilata rítmicamente, y que se están produciendo notables cambios en la presión arterial —que las glándulas endocrinas están vertiendo sustancias en el torrente sanguíneo.

B.   Respuestas internas o implícitas:

Las respuestas internas o implícitas son arduas de observar, no porque ellas sean esencialmente distintas de las exteriores o explícitas, sino sólo a causa de que están ocultas a la mirada.


Clasificación general de respuestas aprendidas y no aprendidas

Hemos mencionado el hecho de que la serie de estímulos ante los cuales reaccionamos aumenta incesantemente. Merced a su estudio, el conductista ha descubierto que la mayoría de los actos que vemos cumplir al adulto son realmente aprendidos.

Solíamos pensar que muchos de ellos eran “instintivos”, es decir, “no aprendidos” —pero ahora nos encontramos a punto de desechar la palabra “instinto”

Sin embargo, llevamos a cabo muchas cosas sin necesidad de aprenderlas: transpirar, respirar, hacer que nuestro corazón palpite, que nuestra digestión se efectúe, que nuestros ojos se dirijan a una fuente de luz, que las pupilas se contraigan, manifestar miedo ante un sonido fuerte.

Conservemos, pues, como segunda clasificación la siguiente:

1.    Respuestas aprendidas: Incluyen todos nuestros hábitos complicados y todas nuestras respuestas condicionadas.
2.    Respuestas no aprendidas: son cuantas  realizamos en la primera infancia antes que el proceso de condicionamiento y la formación de hábitos predominen.

Otra clasificación:

Otra manera, de clasificar las respuestas es la de caracterizarlas por el órgano sensorial que las origina.
Así, verbigracia, tenemos una respuesta visual no aprendida —por ejemplo, el pequeño que al nacer dirige la vista a una fuente luminosa—. Opuesta a ella, una respuesta visual aprendida: la respuesta a una pieza musical impresa o a una palabra. Podría, además, darse una respuesta kinestésica no aprendida; el infante que reacciona llorando a causa de haber tenido un brazo torcido durante un largo rato. Estaríamos frente a una respuesta kinestésica aprendida si manipulamos un objeto delicado en la oscuridad, o caminamos por un laberinto. Asimismo, podemos tener una respuesta visceral no aprendida; el llanto provocado en una criatura de tres días por las contracciones del estómago debidas a falta de alimento. Comparémosla con la respuesta visceral aprendida o condicionada; la visión de pasteles en la vidriera de una confitería que le hace agua la boca a un estudiante hambriento.

Estos conceptos acerca del estímulo y la respuesta suministrada dan una idea del material con trabaja el psicólogo conductista, y por qué ésta corriente de pensamiento propone como meta el que dado el estímulo, poder predecir la respuesta o, viendo qué reacción tiene lugar, inferir cuál es el estímulo que la ha provocado.

Nos preguntamos entonces:¿Es el conductismo una mera orientación metodológica en el estudio de los problemas psicológicos, o constituye un verdadero sistema de psicología? 

Sí -pues que no encuentra un testimonio objetivo de su existencia-,  la psicología dejase de lado los términos “mente” y “conciencia”, ¿qué sería de la filosofía y de las llamadas ciencias sociales que actualmente se asientan sobre esos conceptos?

Siempre  se interroga en este sentido al conductista. Cuando el conductismo luchaba por su supervivencia, temía contestar dicha pregunta.
Sus concepciones eran sobradamente novedosas; sus campos harto vírgenes para permitirse siquiera pensar que algún día podría erguirse y decir a la filosofía y a las ciencias sociales que también ellas debían revisar sus premisas.
Por lo tanto, cuando así se le preguntaba, la única réplica de que disponía el conductista era ésta: “Ahora no puedo preocuparme de tales cuestiones. El conductismo es en la actualidad una vía satisfactoria para arribar a la solución de problemas psicológicos”.
En la actualidad, el conductismo está fuertemente afianzado. Encuentra que su modo de encarar el estudio de los problemas psicológicos, así como el de la formulación de sus resultados se tornan cada vez más adecuados.

Realmente, en todos los campos científicos los sistemas son anacrónicos. Reunimos nuestros hechos de observación, y de tiempo en tiempo seleccionamos un grupo y extraemos ciertas conclusiones generales. Pero en pocos años, al acumular nuevos hechos de experiencia con mejores métodos, también habrá que modificar estas conclusiones generales de ensayo. Todo campo científico, se encuentra en estado de flujo. La técnica y la tentativa de consolidarlos en una teoría o en una hipótesis, describen nuestro procedimiento científico.


Juzgado sobre esta base, el conductismo constituye una verdadera ciencia natural.

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