Definición del Conductismo
El conductismo es, pues, una ciencia natural que se
arroga todo el campo de las adaptaciones humanas.
Su compañera más cercana es la fisiología. En efecto,
podríamos llegar a preguntarnos si es posible diferenciar el conductismo de esa
ciencia. En verdad, el conductismo, sólo difiere de la fisiología en el
ordenamiento de sus problemas; no en sus principios fundamentales ni en su
punto de vista central.
La fisiología se interesa especialmente en el funcionamiento
de las partes del animal; por ejemplo, el sistema digestivo, circulatorio,
nervioso, los sistemas secretorios, la mecánica de las reacciones nerviosas y
musculares. En cambio, aunque muy interesado en el funcionamiento de dichas
partes, al conductismo le importa intrínsecamente lo que el animal —como un
todo— hace desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana.
Interés
del conductista en las acciones humanas:
El interés del conductista en las acciones humanas
significa algo más que el del mero espectador:
·
Desea controlar las reacciones del hombre, del mismo modo como en la física
los hombres de ciencia desean examinar y manejar otros fenómenos naturales.
·
Corresponde a la psicología conductista poder anticipar y fiscalizar la
actividad humana.
·
A fin de conseguirlo, debe reunir datos científicos mediante procedimientos
experimentales.
·
Sólo entonces al conductista experto le será posible inferir, dados los
estímulos, cuál será la reacción; o, dada la reacción, cuál ha sido la
situación o estímulo que la ha provocado.
Examinaremos por un momento más de cerca estos dos
términos: estímulo y
respuesta.
¿Qué es un estímulo?
Ejemplos: Si, de improviso, dirijo al
ojo una luz intensa, la pupila se contraerá rápidamente. Si, de improviso,
apagara toda la iluminación de un cuarto en el que se encuentra una persona,
sus pupilas comenzarían a dilatarse.
Si, de improviso, aumentara en forma sensible la
temperatura de un ambiente, quienes se encontraran en él empezarían a
desabrocharse el saco y a transpirar. Si, de improviso, la hiciera bajar de
súbito, provocaría una reacción diferente.
Además, en nuestro interior tenemos un campo igualmente
vasto en el que los estímulos pueden ejercer su efecto. Por ejemplo, momentos
antes de comer, los músculos del estómago principian a contraerse y a dilatarse
rítmicamente por la carencia de alimento. Los músculos de nuestros brazos,
piernas y busto no sólo están sujetos a los estímulos procedentes de la sangre;
asimismo son estimulados por sus propias reacciones, o sea, el músculo se
encuentra en estado de constante tensión; cualquier aumento de ésta,
verbigracia, al realizarse un movimiento, despierta un estímulo y motiva otra
reacción en ese músculo o en otro ubicado en alguna parte distante del cuerpo;
cualquier disminución de dicha tensión, como cuando el músculo se relaja,
constituye análogamente un estímulo.
Estímulo:
Comprobamos, que el organismo se halla de continuo
sometido a la acción de los estímulos —que llegan por la vista, el oído, la
nariz y la boca— los denominados objetos de nuestro medio; al mismo tiempo,
también el interior de nuestro cuerpo se halla en cada instante sometido a la
acción de estímulos nacidos de los cambios en los tejidos mismos.
A través del proceso de la evolución los seres humanos
han desarrollado órganos sensoriales —áreas especializadas como los ojos,
orejas, nariz, lengua, epidermis y conductos semicirculares en la que
determinados tipos de estímulos son sumamente efectivos. A éstos hay que
agregar todo el sistema muscular, los músculos estriados (por ejemplo, los
largos músculos rojos de los brazos, piernas y busto), y lisos (por ejemplo,
los que participan en la estructura hueca, semejante a un tubo, del estómago,
intestinos y vasos sanguíneos). Los músculos no son, pues, órganos de reacción
únicamente, sino también sensoriales. Luego veremos que los dos últimos
sistemas ejercen enorme influencia en la conducta humana. Muchas de nuestras
reacciones más íntimas y personales se deben a los estímulos creados por
cambios en el tejido de nuestros músculos estriados y vísceras.
La multiplicación permanente de los estímulos y la
influencia del aprendizaje
Este uno de los problemas del conductismo, y que se
denomina “la multiplicación
continua de los estímulos”, a
los cuales responde el individuo.
Esta cuestión es compleja y, a primera vista, podríamos
sentirnos tentados a dudar de lo aseverado más arriba: que es posible prever la
reacción.
Si se vigila el crecimiento y el desarrollo del ser
humano, se observará que si bien gran cantidad de estímulos provocan reacciones
en el recién nacido, muchos otros no despiertan ninguna. Sea como fuere, no
determinan una reacción igual a la que promueven más tarde.
En otras personas, antes que ciertos estímulos puedan
ejercer su influencia es indispensable que se forme un hábito.
El término que de ordinario empleamos para describir este
procedimiento es “condicionamiento” (conditioning).
Es el condicionamiento,
desde la más tierna infancia, lo que dificulta tanto al conductista poder
anticipar cuál será una determinada reacción.
El estudio del conductismo nunca facultará a sus cultores
para denunciar la existencia de tal estado de cosas con sólo mirar a una
persona. No obstante, si el conductista advierte esta reacción, es muy fácil
para él señalar aproximadamente qué situación de la primera infancia del sujeto
pudo provocar ese tipo de reacción poco frecuente en el adulto. A pesar de lo
arduo que resulta predecir en sus detalles cuáles serán las reacciones,
insistimos, en general, en la teoría de que nos es dado anunciar con antelación
qué hará nuestro vecino. Es la única base sobre la cual nos es posible alternar
con el prójimo.
¿Qué entiende el Conductismo por respuesta?
Hemos puesto ya de relieve que, desde el nacimiento hasta
la muerte, el organismo es atacado por estímulos en su parte exterior y por
estímulos, engendrados en el cuerpo mismo.
Responde. Se mueve.
La respuesta puede ser tan leve que únicamente sea
susceptible de observarla mediante instrumentos. Podrá limitarse a un mero
cambio en la respiración, o a un aumento o disminución de la presión arterial.
Acaso no suscite más que un movimiento del ojo. Empero, las reacciones más
comúnmente observadas son los movimientos de todo el cuerpo, de los brazos,
piernas, tronco o combinaciones de todas las partes movibles.
Por lo regular, aunque no siempre, la respuesta del organismo al
estímulo trae aparejada una adaptación.
Adaptación:
Por adaptación entendemos que el organismo, al moverse,
altera su estado fisiológico de tal manera que el estímulo no provoca ya
reacciones.
Este concepto acaso parezca un tanto complicado, pero
algunos ejemplos lo aclaran. En la persona hambrienta las contracciones del
estómago la estimulan a andar incesantemente de un lado a otro. Si mientras se
mueve sin descanso, divisa manzanas en un árbol, y empieza a comerlas, cuando
está harta, las contracciones cesarán, y aunque a su alrededor cuelguen otras
manzanas no las tomará.
Intereses del conductismo:
ü A menudo se ha criticado al
conductista el énfasis que pone en la respuesta.
ü Algunos psicólogos creen que
el conductista está exclusivamente interesado en registrar íntimas respuestas
musculares. Nada más erróneo.
ü Al conductista le importa
principalmente la conducta del hombre como un todo.
ü Lo vigila de la mañana a la
noche en el desempeño de sus tareas diarias.
ü La contestación que importa al
conductista se sintetiza en la sensata solución a este problema: ¿qué está
haciendo y por qué lo está haciendo?
ü El programa del conductista no
un mero fisiólogo del músculo.
ü El conductista afirma que todo
estímulo efectivo tiene su respuesta, y que ella es inmediata.
ü Por estímulo efectivo entendemos el estímulo suficientemente
fuerte para vencer la normal resistencia al pase del impulso sensorial desde
los órganos de los sentidos a los músculos.
ü Es preciso no confundirse por
lo que suelen decir el psicólogo y el psicoanalista. Si leemos sus
exposiciones, cabría suponer que el estímulo puede aplicarse hoy y provocar su
efecto tal vez mañana, o quizá en los próximos meses o años. El conductista no
cree en estas concepciones mitológicas.
Clasificación general de la respuesta
A. Respuestas externas o explícitas:
Son los actos ordinarios del ser humano: inclinarse para
alzar una pelota, escribir una carta, etc. Para efectuar estas observaciones no
necesitamos instrumentos. Las respuestas pueden hallarse completamente
confinadas en los sistemas musculares y glandulares del interior del cuerpo.
Supongamos un niño o una persona mayor con hambre que se encuentra de pie,
inmóvil delante de una vidriera repleta de confituras. La primera observación
de quien lo mire, podrá ser; “¡No hace nada”” o “simplemente mira las
confituras”. Un instrumento demostraría que sus glándulas salivales segregan,
que su estómago se contrae y dilata rítmicamente, y que se están produciendo
notables cambios en la presión arterial —que las glándulas endocrinas están
vertiendo sustancias en el torrente sanguíneo.
B. Respuestas internas o implícitas:
Las respuestas internas o implícitas son arduas de
observar, no porque ellas sean esencialmente distintas de las exteriores o
explícitas, sino sólo a causa de que están ocultas a la mirada.
Clasificación
general de respuestas aprendidas y no aprendidas
Hemos mencionado el hecho de que la serie de estímulos
ante los cuales reaccionamos aumenta incesantemente. Merced a su estudio, el
conductista ha descubierto que la mayoría de los actos que vemos cumplir al
adulto son realmente aprendidos.
Solíamos pensar que muchos de ellos eran “instintivos”,
es decir, “no aprendidos” —pero ahora nos encontramos a punto de desechar la
palabra “instinto”
Sin embargo, llevamos a cabo muchas cosas sin necesidad
de aprenderlas: transpirar, respirar, hacer que nuestro corazón palpite, que
nuestra digestión se efectúe, que nuestros ojos se dirijan a una fuente de luz,
que las pupilas se contraigan, manifestar miedo ante un sonido fuerte.
Conservemos, pues, como segunda clasificación la
siguiente:
1. Respuestas aprendidas: Incluyen todos nuestros hábitos
complicados y todas nuestras respuestas condicionadas.
2. Respuestas no aprendidas: son cuantas realizamos en la
primera infancia antes que el proceso de condicionamiento y la formación de
hábitos predominen.
Otra
clasificación:
Otra manera, de clasificar las respuestas es la de
caracterizarlas por el órgano sensorial que las origina.
Así, verbigracia, tenemos una respuesta visual no
aprendida —por ejemplo, el pequeño que al nacer dirige la vista a una fuente
luminosa—. Opuesta a ella, una respuesta visual aprendida: la respuesta a una
pieza musical impresa o a una palabra. Podría, además, darse una respuesta
kinestésica no aprendida; el infante que reacciona llorando a causa de haber
tenido un brazo torcido durante un largo rato. Estaríamos frente a una
respuesta kinestésica aprendida si manipulamos un objeto delicado en la
oscuridad, o caminamos por un laberinto. Asimismo, podemos tener una respuesta
visceral no aprendida; el llanto provocado en una criatura de tres días por las
contracciones del estómago debidas a falta de alimento. Comparémosla con la
respuesta visceral aprendida o condicionada; la visión de pasteles en la
vidriera de una confitería que le hace agua la boca a un estudiante hambriento.
Estos conceptos acerca del estímulo y la respuesta
suministrada dan una idea del material con trabaja el psicólogo conductista, y
por qué ésta corriente de pensamiento propone como meta el que dado el estímulo, poder
predecir la respuesta o, viendo qué reacción tiene lugar, inferir cuál es el
estímulo que la ha provocado.
Nos preguntamos entonces:¿Es el conductismo una mera
orientación metodológica en el estudio de los problemas psicológicos, o
constituye un verdadero sistema de psicología?
Sí -pues que no encuentra un testimonio objetivo de su
existencia-, la psicología dejase de lado los términos “mente” y
“conciencia”, ¿qué sería de la filosofía y de las llamadas ciencias sociales
que actualmente se asientan sobre esos conceptos?
Siempre se interroga en este sentido al
conductista. Cuando el conductismo luchaba por su supervivencia, temía
contestar dicha pregunta.
Sus concepciones eran sobradamente novedosas; sus campos
harto vírgenes para permitirse siquiera pensar que algún día podría erguirse y
decir a la filosofía y a las ciencias sociales que también ellas debían revisar
sus premisas.
Por lo tanto, cuando así se le preguntaba, la única
réplica de que disponía el conductista era ésta: “Ahora no puedo preocuparme de
tales cuestiones. El conductismo es en la actualidad una vía satisfactoria para
arribar a la solución de problemas psicológicos”.
En la actualidad, el conductismo está fuertemente
afianzado. Encuentra que su modo de encarar el estudio de los problemas
psicológicos, así como el de la formulación de sus resultados se tornan cada
vez más adecuados.
Realmente, en todos los campos científicos los sistemas
son anacrónicos. Reunimos nuestros hechos de observación, y de tiempo en tiempo
seleccionamos un grupo y extraemos ciertas conclusiones generales. Pero en
pocos años, al acumular nuevos hechos de experiencia con mejores métodos,
también habrá que modificar estas conclusiones generales de ensayo. Todo campo
científico, se encuentra en estado de flujo. La técnica y la tentativa de
consolidarlos en una teoría o en una hipótesis, describen nuestro procedimiento
científico.
Juzgado sobre esta base, el conductismo constituye una
verdadera ciencia natural.
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